El sur también existe
A.T.
Pasadas las nueve de la noche (el recital estaba anunciado para las 20.30) subió al escenario la banda de Ruben Rada.
Rada eligió un repertorio basado mayormente en su último y más exitoso disco Quien va a cantar. La banda, que por momentos reunía a quince músicos en el escenario, sonó de maravillas, como es habitual en esta y en todas las formaciones que han acompañado al músico. El actual momento de la carrera de Rada, plantea ciertas contradicciones al seguidor consecuente de este artista fundamental de la música uruguaya. Por un lado se trata de una justicia histórica –bastante tardía por cierto– que Rada sea hoy el músico uruguayo más popular y que sus canciones se difundan masivamente en todos los medios. Por el otro es una pena que este éxito se esté dando con su disco menos personal e interesante. No hay más que contraponer el «Cha-Cha muchacha» actual con el «Candombe para Gardel» verdadera obra maestra de la canción popular (no sólo uruguaya), ambas interpretadas en el recital, para ver cuánto han perdido los que se enganchan recién ahora con la obra de Rada.
El músico invitó a su compinche de siempre, Hugo Fattoruso, para un corto set a dúo. La interpretación de «Cuesta abajo» de Gardel con Fattoruso en acordeón, fue uno de los puntos más altos de la noche.
La presentación de Milton Nascimento era la que podía deparar a priori más expectativa. Por un lado, por lo que el músico significa a nivel artístico, por el otro porque su única presentación en Montevideo en 1996 había dejado gusto a poco. Milton estrenó nuevo grupo en Montevideo, una banda compuesta de músicos muy jóvenes. Basta decir que no se extrañaron para nada las estrellas que lo han acompañado a lo largo de su carrera que van desde Wayne Shorter a Herbie Hancock. El músico de Minas Gerais se basó en un repertorio mayormente de temas viejos, con arreglos renovados. Hubo momentos excelentes (por ejemplo el excelente arreglo de «Para Lennon y McCartney») y la comunicación con el público aunque por momentos pareció dificultosa (la gente como suele suceder en todo recital multitudinario estaba más propensa a bailar y agitar que a escuchar) se logró plenamente. Nascimento es un caso extraño dentro de la música popular de su país. No debe haber nada más lejano al estereotipo de «alegría brasileña» que la música de Milton. Pero la complejidad de su música y letras (especialmente en su primer período hasta los años ochenta), las melodías y tiempos difíciles de cantar y bailar, no han sido obstáculo para que el artista se convirtiera en el más cabal representante de lo que se ha llamado muy discutiblemente «world music». Otra vez Hugo Fattoruso fue llamado al escenario para tocar con Nascimento su versión de «Biromes y servilletas» de Leo Maslíah.
Fito Páez el último en presentarse, era tal vez el más esperado por el público (especialmente el juvenil y femenino). Páez sorprendió al comenzar con una muy buena versión de «Yendo de la cama al living» de Charly García. El rosarino también estrenó banda en el Estadio, un quinteto de guitarra, bajo, batería y teclados con el músico alternando entre la segunda guitarra y el piano.
Esta formación hizo ganar mucho a la música del artista que presentó un repertorio de lo más ecléctico, que fue desde temas de su último álbum Rey Sol al ya lejano y magnífico Giros. Lejos de la ampulosidad de sus últimas etapas –especialmente desde Circo Beat hasta Abre–Páez y su banda hicieron potentes versiones de sus canciones. El lado más roquero del músico gana mucho con esta formación, el más baladístico también permite más grados de sutileza. En este último capítulo hubo interesantes versiones de temas como «Tumbas de la gloria» y «Un vestido y un amor». Páez lució un excelente humor y una genuina emoción durante toda su actuación, logrando una especial interacción con los miles de espectadores.
El final esperado con los tres músicos en el escenario no defraudó. Una íntima y emocionante versión de «Yo vengo a ofrecer mi corazón» por los tres cantantes más el solo de piano de Hugo Fattoruso, una caótica y poderosa versión de «Dedos» a la que se sumó el bajo de Francisco Fattoruso y «María, María» cantada por todo el estadio fueron un excelente broche de oro. El concierto terminó pasadas las dos de la mañana. El público, incluida la asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos en pleno, se fue seguramente más que satisfecho. *
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