FESTIVAL INTERNACIONAL EN CADIZ

Danza y música en el teatro

En espectáculo de teatro-danza (o más bien de danza-teatro) de excelente factura técnica pero de discutibles resultados marcó la aportación de los seguidores de la musa Tepsicore, mientras que la contribución musical fue de alta calidad pero de, por lo menos, controvertible presencia en este festival. Lo mejor de los espectáculos del pasado fin de semana fue, sin duda, una representación para niños, realizada por el grupo español «Uroc Teatro», que de forma amena y didáctica narra la historia del teatro.

La música, llegada de Centroamérica, llenó de acordes y sones el pasado sábado gaditano. Dos espectáculos diferentes en forma y fondo dieron un certero panorama del quehacer musical de Guatemala, Costa Rica, Nicaragua y Panamá. Como manifestación de música contemporánea –en lo que algunos denominan «música culta»– se pudo escuchar la cantata-escénica «La tumba del Gran Lengua», del compositor guatemalteco Joaquín Orellana. Como muestra de la «música popular» (pero no la folklórica), tuvo lugar en el Gran Teatro Falla una Gala Musical en la que participaron el trío costarricense «Editus», la cantante nicaragüense Norma Helena Gadea y el panameño «Grupo Tuira», acompañados por el cantautor español Javier Ruibal.

Fusión de raíces

«La tumba del Gran Lengua» es una «cantata escénica» del compositor guatemalteco Joaquín Orellana, obra concebida como homenaje al escritor guatemalteco Miguel Angel Asturias, que se proyecta «como exaltación-recreación de valores de imagen literaria». Para ello, Orellana escribió una partitura musical combinada con declamación de pasajes de obras del autor de «El Señor Presidente» y cantos en español y quiché a cargo de un actor-cantante en escena.

El actor-cantante (un excelente tenor con un amplio registro vocal que le permite llegar a pasajes de contra-tenor, Jean-Yves Peñafiel) se presenta como un extranjero instalado desde hace muchos años en Guatemala, que afirma haber sido «deslumbrado por su mundo» (el de Miguel Angel Asturias, por cierto) y haberse integrado a él.

La partitura musical es una deslumbrante fusión de música culta europea (ejecutada por un quinteto de cuerdas y una viola solista) y ritmos guatemaltecos ejecutados por una marimba (excelente el trío que la toca) y un quinteto de percusión que utiliza una amplia panoplía de instrumentos y «útiles sonoros» (en definición de Orellana), en los que la utilización de la madera da lugar a un mundo sonoro rico y sorprendente en sus efectos.

Con todo ello logra una música contemporánea de buena factura, muy bien ejecutada por un conjunto de jóvenes y excelentes intérpretes.

Dos muy buenos conjuntos

Los costarricenses del Trío «Editus» (Edin Solís, guitarra; Ricardo Ramírez, violín y Carlos Vargas, percusión) y los panameños del Grupo «Tuira» (dirigidos por el compositor y cantante Rómulo Castro) son músicos de gran calidad artística y modernos investigadores que buscan crear una gran calidad artística y modernos investigadores que buscan crear una música que une y se nutre de la música clásica (en especial el barroco en el caso de «Editus»), el jazz, el «new age», los sonidos autóctonos de latinoamérica (en especial las raíces musicales y poéticas panameñas, en el caso de «Tuira»). El resultado es una música muy bien hecha, mejor ejecutada, que entusiasmó al juvenil público que asistió a la Gala.

Norma Helena Gadea es una cantante nicaragüense de una magnífica voz, potente y llena de matices, a la que une una intensa sensibilidad, una profunda entrega a la causa revolucionaria y un talento desbordante. En Nicaragua dicen que «en su voz se conjugan la exhuberancia de nuestro paisaje de lagos y volcanes y ternura de la entrega sin reservas a la causa popular».

Su recital (acompañada por el excelente guitarrista Eduardo Araica) fue una demostración de su desbordante talento, de la excelencia de su voz, de su versatilidad y de su voluntad de no renunciar a cantar las esperanzas de su pueblo y de todos los pueblos de nuestra América, pese a los cambios históricos y las desilusiones de los nuevos tiempos, en Nicaragua y en el mundo.

La presencia de dos espectáculos netamente musicales en esta edición del FIT ha levantado cierta polémica en el seno del mismo.

En cuanto a los conjuntos y la cantante que conformaron la Gala musical, es seguro que no estuvieron «en el lugar adecuado». Y el peligro de la presencia de muchos grupos así radica en que el FIT gaditano puede convertirse –con una masiva presencia de ellos– en otro «Festival de Verano», de los muchos que hay en España.

Didáctica

«La Fiesta de los Comediantes», presentada en Cádiz por el grupo español «Uróc Teatro», tiene a Luis Matilla como autor de la dramaturgia y a Olga Margallo como directora. Con la colaboración de un grupo de jóvenes actores (que dan la sensación de gozar de su trabajo tanto como el público infantil al que va destinada la obra) ambos logran en texto y dirección un resultado de altos quilates y una obra redonda y plena, con detalles de alta factura teatral y con el mérito añadido de hacer un producto artístico que se nota dirigido a «seres pensantes» y no a «enanos subnormales» (como muchas obras del «teatro para niños»).

El espectáculo se realiza mediante el desplazamiento de pequeños grupos (conducidos por actores-guías) a diferentes espacios físicos que representan espacios teatrales de diferentes épocas, en los que los actores representen cortos textos (pequeños sketches) que ilustran los diversos géneros teatrales de la historia del teatro en el mundo occidental). Esta didáctica y amena lección de Historia del Teatro se inicia en una plaza medioeval, en la que en varios tenderetes los actores hacen de pregoneros, histriones, vendedores o recitadores. La acción se inicia cuando un grupo de «cómicos de la lengua» son expulsados de una posada por falta de pago del hospedaje. Invocan a su diosa Thalía, quien les promete concederles un teatro si salen victoriosos de un viaje inicíaco y resuelven un enigma a su final.

Vacío de mensaje

«Cinco personajes que habitan una dimensión a medio camino entre la realidad y la distorsión, el submundo que todos llevamos dentro. «Así anuncia la Compañía (catalana) Marta Carrasco su obra «Miriám, se dicen tantas cosas». Espectáculo de danza-teatro (con mucho más de danza que de teatro) no es más que una sucesión de números de baile moderno –con mucho de acrobático– y posturas y movimientos, sin texto (ni oral ni dramatúrgico) y con mucho efectismo y efectos de luces, atrezzo o actitudes a veces por demás reiterados (colocarse máscaras en la nuca y realiza así movimientos corporales de espaldas al público, por ejemplo).

Los dos bailarines y las tres actrices que conforman el elenco tienen una excelente formación de baile, dominan la expresión corporal y su actuación demuestra un trabajo arduo y continuo; pero la obra que deslumbró a un sector de público no produce emoción o transmite un mensaje. Y por momentos se torna por demás violento en escenas de abuso a las mujeres participantes a las que los bailarines llegan a «maltratar» con un realismo que abruma y recuerda escenas de «baile apache» del Moulin Rouge de los tiempos de Toulouse-Lautrec. *

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