La banda del club de corazones solitarios
GUSTAVO IRIBARNE
La relación de Wenders con el cine norteamericano bien puede catalogarse como una ambigua pasión de amor-odio. Admirado por notorios cineastas estadounidenses pero en colisión permanente con el esquema de la industria hollywoodense, el director de «El estado de las cosas» vuelve al territorio de Tío Sam para plasmar una extraña fábula de amor y muerte.
Quizás lo más honesto sea adelantar –desde un principio– que este largometraje seguramente no pueda considerarse la mejor faena del maestro germano. Sin embargo, en algunos pasajes, «El hotel del millón de dólares» recupera esa magia absurda que ha hecho de Wenders un referente ineludible en el cine de los últimos tiempos. En la madeja del relato, el hijo de un multimillonario se suicida (o es asesinado) al saltar de la terraza y un agente especial del FBI (Mel Gibson) es enviado al lugar de los hechos para aclarar el asunto. Este punto de partida estrictamente policial deriva, posteriormente, en la pintura de una galería inefable de personajes –estrictamente perdedores, poetas, corazones solitarios y locos– que pasean sus incertidumbres a lo largo y ancho de la pantalla.
Por este lado resulta fácil advertir que la pericia del creador de «Alas del deseo» para desacomodar a la platea continúa intacta. Diálogos fugaces, viñetas caricaturales y la estructuración de un peculiar microcosmos logran levantar –en forma intermitente, es cierto– la base original con algunos estallidos que trepan al carácter de alegoría. Por ahí anda, además, Mel Gibson demostrando que es un muy buen actor (mucho más que lo que debe mostrar en sus obligaciones contractuales de filmes pasatiempistas) mientras Mila Jojovich desentona levemente pagando el precio de ser una estrellita de moda con ambiciones artísticas que le quedan un poco grandes.
El resto, a juicio de quien suscribe, no agrega demasiado a la obra consolidada por este alemán posmoderno y genial. Apenas algunas locuras deshilvanadas, la radiografía de un amor tan absoluto como imposible y alguna guiñada escéptica sobre la industrialización del arte, logran marcar una estatura atendible para plateas exigentes. Como si la química entre Hollywood y Wenders no lograra mayores dividendos que una peripecia a medio camino o el talentoso borrador de lo que pudo ser, este «Hotel del millón de dólares» queda como un acto medianamente fallido aunque disfrutable para cinéfilos incondicionales. En la búsqueda de estos logros a tener en cuenta, no debe saltearse, por cierto, una formidable banda sonora que se nutre de U2 para vestir de música una terca fotografía que recorre el marco espacial de una Babilonia decadente. Pero todo esto quizás no alcance como para arriesgar un calificativo de obra mayor. *
El hotel del millón de dólares. Dirigida y producida por Wim Wenders. Guión: Nicholas Klein sobre historia original de Bono. Producción general: Bruce Darvey. Fotografía: Phedeon Papamichael. Con Jeremy Davies, Mila Jovovich, Mel Gibson y Jimmy Smits.
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