"Y tu mamá también", cine mexicano entre la identidad y el desenfreno

RAUL FORLAN LAMARQUE

 

Con premios obtenidos en el último Festival de Venecia, el filme del realizador mexicano Alfonso Cuarón, «Y tu mamá también» pinta un retrato de gran intensidad emocional y vértigo corporal, subido de erotismo y de un efecto de tantearse las señas de identidad en la propia peripecia. Se acudió a un elenco de alta solvencia, encabezado por la actriz Maribel Verdú y los mexicanos Gael Díaz y Diego Luna.

Una mujer casada recibe una noticia perturbadora, quizás el golpe terrible y a la vez dinamizador de un punto de no retorno en su sensación de fatalidad, así que ¿habrá que vivir para correr y correr para vivir cuando el mundo se da vuelta en un segundo y la realidad, esa suma de instantes e incidentes, ya no son suficientes? ¿Qué hacer desde ese the wall tan personal, tan íntimo? Atravesarlo, seguramente. Sofocada, desencajada del universo cotidiano que la envolvía con sus pequeñas certezas y su sistema de pertenencias, decide entonces desmarcarse en una suerte de on the road neoexistencialista que, en su andar fuera de borda, la vuelva paradójicamente ordenador de sus remolinos interiores. Desenfrenarse para volver a tener a volver esa «otredad» que siempre es la misma aunque cambien los modos. Pero habrá que vivir a full para volver a tener la sensación definitiva de la contención y así, pues, saber cómo rozarse con el entorno. ¿Podrá ese estupendo personaje caracterizado por Maribel Verdú?

El viaje es siempre una noción de infinitud, una línea de tropezones y sensaciones múltiples, puede llegar a pensar ese personaje en carne viva, y pues disfrutémoslo a tope con esos dos adolescentes (Gael Díaz y Diego Luna) con los que mandó hasta Oaxaca, México, en su intento de un busco mi destino –forjar la idea de liberarse, de despojamiento absoluto– que trocará su posición en el mundo y su mirada en el fluir de las cosas: ampliar decidida y definitoriamente el sentido de la experiencia.

Una estética del ya no me importa: moverse, producir alta intensidad emocional, una erótica o un lenguaje corporal en persistente desafío que no conoce de perímetros o parámetros morales: tantearse casi salvajemente en una búsqueda de reconstruir su ser y estar, sus maneras de relacionarse. Pero una vez en la ruta todo, absolutamente todo será diferente: ¿pesadilla o desprendimiento hacia lo nuevo, versión de un intento de transgredir? Es la ley privada de los outsiders: cuando alguien (una mujer y dos adolescentes) se transforma en un trío de borde, de frontera y se encienden varias mechas al mismo tiempo: la principal, una erótica al límite, devoradora, con sus containers autodestructivos a punto de dispararse.

Y además: experimentar para reconocerse desde adentro hacia afuera.

Ser y estar en el mundo, hacer pesar los gestos de ternura y de desesperación, de perplejidad y de búsqueda sin permitirse el mensaje pontificador, sino constatar y constatarse. Y tu mamá, también fue escrita y dirigida por el cineasta mexicano Alfonso Cuarón y su hermano Carlos (el primero ha hecho filmes como La sirenita y Grandes esperanzas). Este filme obtuvo galardones varios en el Festival de Venecia (a mejor guión y mejor actuación). y se presenta en rigor como aplicado, salpicado diario de conductas con ambientaciones de cierto clima entre sórdido y poético que no esquiva líneas de un humor filoso y provocador. Personajes desenvueltos y afiebrados –el elenco le otorga la necesaria carnalidad y volumen al relato para brindarle no vuelo, sino credibilidad– que son el punto de vista del filme en sus mecánicas de rozarse, decirse y contradecirse: esa es la idea dramática de un filme que dará que hablar por sus escenas fuertes o su visceralidad y también por sus golpes de efecto, que se piensa transgresor desde la banda sonora a los climas y a las resacas de esas criaturas rodando y rodando una encima de la otra hasta que, tal vez, alguna diga basta o vuelta a empezar. O no. *

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