No todo son bombas
La procedencia geográfica de este filme (Tadjikistán se encuentra al norte de Afganistán, y fue cuando integraba la URSS la base de apoyo de las tropas soviéticas en la lucha contra los afganos) puede despertar curiosidad y un interés suplementario al meramente cinematográfico, dado los tiempos que corren. Pero las buenas críticas que lo preceden y los varios premios internacionales que esta película ha recibido, le dan un valor en sí mismo.
El director Khudojnazarov se lanza a la descripción de un ambiente de pueblo chico donde hay prejuicios, jóvenes que sueñan con las estrellas de cine, una guerra civil cercana, viejas chismosas, un bebé que reflexiona desde el vientre de su madre, y hasta vacas que caen del cielo y matan a alguien. Entre el western (o más bien el eastern) y el realismo mágico, con citas a Fellini y Kusturica, el filme se introduce en un ambiente exótico, contrasta costumbres ancestrales con una incipiente modernidad, bromea sobre el teatro, la realidad y la ficción.
El director se divierte con su catálogo de personajes excéntricos, pintorescos, a veces humorísticos, e incorpora rasgos de imaginación y fantasía. Queda saber cuánto de lo que el filme muestra deriva de una cultura propia y cuánto, en cambio, del cine aprendido: Kusturica (y más atrás Fellini, y quizás García Márquez) está en su combinación de realidad y fantasía, de violencia y humor, de calidez humana y estrechez mental pueblerina. El filme ha sido comparado a las películas de Kusturika, especialmente Tiempo de gitanos o Underground.
La producción ha involucrado a capitales alemanes, japoneses, rusos, franceses y suizos, entre otros, y el apoyo de varias empresas de cine y televisión, cada una de las cuales aportó su granito de arena. El dato ilustra dos fenómenos simultáneos: por un lado el empeño de los productores europeos en competir con la hegemonía de Hollywood, por otro la tendencia a buscar cineastas interesantes en lo que todavía se denomina convencionalmente «el Tercer Mundo» e introducirlos en el circuito de exhibición internacional.
El director Bakhtiar Khudojnazarov se las ha arreglado para abrirse paso en los mercados internacionales. Nació en 1965, cuando su país integraba todavía la Unión Soviética, y ha realizado hasta el momento tres filmes. El primero de ellos, Bratan (1991) ha sido descrito como una aventura a propósito de dos hermanos que emprenden un viaje en tren en busca de su padre, y viven diversas peripecias. El segundo, Kosh ba kosh (1993), recibió un León de Plata en el Festival de Venecia, y suscitó en torno a Khudojnazarov un interés que Brillo de luna parece confirmar. Este último filme ha tenido una significativa circulación en festivales, incluyendo una Mención Especial de la Fipresci y un premio del Jurado Europeo de la Juventud en el Festival de Bruselas 2000, un premio Golden Montgolfiere en el Festival des Trois Continents de Nantes (Francia) 2000, y una distinción a la Mejor Contribución Artística en Tokio. *
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