Preestrena con auspicio de LA REPUBLICA DE LAS MUJERES y la crítica

Los muchachos no lloran

A finales de 1993, por un callado y polvoriento camino en el sudeste de Nebraska, en una casa de campo desvencijada, dos ex convictos cometieron un asesinato múltiple. Lo que parecía en aquel momento como un inexplicable y brutal homicidio pronto se convirtió en algo mucho más revelador, cuando surgió la verdadera historia de los asesinos y una de las víctimas.

Entre los muertos estaba Brandon Teena, un joven que había estado en el pueblo por un corto periodo de tiempo, pero que ya se había convertido en uno de los personajes más encantadores del mismo: un rebelde bullicioso, un amigo leal y un irresistible seductor de mujeres. ¿Pero quién era realmente? ¿Y por qué había provocado una reacción tan violenta?

Brandon Teena, como los encabezados pronto lo fueron revelando, no era el joven que él y los demás querían que fuera. De hecho, a pesar de que aparentemente había sido un educado cortejante de muchas mujeres, la gente quedó impacatada tras conocer después de su muerte que Brandon Teena era, en realidad, una mujer de Lincoln –pueblo ubicado a 120 kilómetros–, llamada Teena Brandon.

Mientras Teena Brandon era una jovencita atrapada en un mundo que no la aceptaba, Brando Teena era un adorable y divertido rompecorazones, con bellas novias que públicamente lo adoraban.

Lo que dejó perplejo a los oficiales de la policía, a los padres y a las acongojadas jovencitas del pequeño pueblo de Falls City fue cómo una persona pudo haber adoptado dos indentidades totalmente opuestas y haber sido creíble, al menos hasta que todo se comenzó a aclarar.

Este es el misterio que inicialmente llamó la atención de la realizadora Kimberly Peirce. «Aquí había un personaje que ya se estaba convirtiendo en un ícono a pocos meses de haber sido asesinado. Brandon Teena representaba tantos cabos de nuestra cultura –fue una mujer convertida en hombre, fue un ladrón insignificante, fue una víctima de un crimen de odio–, era el tema de auténticos escritores, periodistas y feministas», declaró.

«No había discusión alguna de que su historia era dramática y trágica, pero el vedadero reto para contarla era encontrar al ser humano debajo de todo ello, descubrir cómo era estar dentro de la piel de Brandon la primera noche que se hizo pasar por hombre –agrega–. Cuando piensas acerca de quién era y comienzas a ver qué tan extraordinario fue lo que hizo, lo poderoso que ha de haber sido su espíritu, su imaginación y su creatividad».

«Cuanto más se desenvolvía la historia, me daba más cuenta de que el simple hecho de que esta persona haya exisitido era completamente fascinante. El intentar explicar qué es por lo que estaba pasando internamente y darle sentido de cómo se había creado en su fantasía de ser un hombre, cómo se las arregló para encontrar un lugar en la vida de tantas personas y por qué provocó un represalia tan intensa, valió todos los años que me tardé en resolverlo», concluye.

Peirce emprendió una odisea de cinco años para entender a Brandon Teena y convertir su historia en un filme dramático de ficción. El resultado Boys Don’t Cry, es una historia donde el misterio es la identidad humana por sí misma.

Para la concreción del filme, fue seguramente fundamental la elección de Hilary Swank para el papel principal, por el que la actriz ya recibió un Globo de Oro.

Su primer papel protagónico fue en Buffy the Vanpire Slayer, como Kimberly, la mejor amiga de Buffy. En 1994 interpretó el papel de Julie Pierce en una película de la saga de Karate Kid. Recientemente actuó en una película independiente The way we are. En televisión, Swank apareció en Beverly Hills como Carly Molloy y tuvo un papel ocasional en Camp Wilder.

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