ULTIMO LIBRO DE JOSE PEDRO BARRAN

Retrato amoroso de Montevideo en los primeros años del siglo pasado

A través de la correspondencia entre María y Juan, Tona y Felipe, Lucía y Rodolfo, y de los mensajes recibidos por Alfredo, Barrán introduce al lector en la sicología y la moral imperantes en Montevideo en aquellos años.

Desde las estrictas pautas que regían los noviazgos y posteriores matrimonios, pasando por el papel asignado al hombre y la mujer dentro de la pareja, hasta la condena y persecución de las conductas homosexuales, «Amor y transgresión en Montevideo: 1919-1931″ (Ediciones Banda Oriental) se convierte en una detallada crónica de usos y costumbres que refleja cómo se desarrollaban las relaciones entre ambos sexos en una sociedad aún en formación.

Para enriquecer ese relato de los hechos el autor recurre en varias ocasiones a las crónicas sociales de la época, extractadas de publicaciones como «Mundo Uruguayo», o las poco conocidas «Montevideo Balneario», «Anales Mundanos» (que luego se llamaría simplemente «Anales»), o «Ilustración Uruguaya». Muchos de los artículos costumbristas o las recomendaciones en materia de modales contenidas en estas revistas pueden compararse sin mucho esfuerzo con los contenidos de la actual revista «Galería» de Búsqueda.

 

Historias

 

La correspondencia entre los padres de Alfredo, María y Juan (1886-87) revela el complejo proceso de conocimiento, acercamiento y concreción de la relación entre un hombre adulto y una adolescente, ambos de clase alta, a finales del siglo XIX.

Las cartas de Felipe a Tona (1915), en tanto, demuestran la pretensión masculina de sumisión de la mujer y los problemas que generaba la «rebelión» del sexo femenino ante este «machismo» aceptado socialmente. La oposición de Tona a estas «obligaciones» será la que termine por provocar la decisión de Felipe de terminar con la relación.

Las cartas de novios de Lucía y Rodolfo (1929-31), en tanto, muestran a una mujer joven sometida a los estrictos límites de la familia tradicional montevideana y a un hombre que cree en el amor puro y casi platónico. Con los años de matrimonio, en cambio, Lucía se convertirá en una mujer adúltera y Rodolfo, al enterarse de ello, en un marido suicida.

La correspondencia vinculada a la vida de Alfredo, en tanto, introduce al lector en el clima de persecución a los homosexuales que reinó en la sociedad uruguaya hasta avanzado el siglo XX.

Si bien la condena (y en algunos casos la represión) se tornaba implacable entre las clases bajas, los homosexuales (fundamentalmente hombres) de las altas esferas gozaban de una permisividad que les permitía ejercer su opción con menos restricciones, aunque con la censura silenciosa de sus pares.

Alfredo, un seudónimo escogido por Barrán para impedir la identificación del verdadero personaje, es un integrante de la clase alta montevideana, cronista social en un diario capitalino y finalmente diplomático. Es cortejado al mismo tiempo por una mujer (Chela) y un hombre («E»), y finalmente su tendencia homosexual será la que predomine. Esta historia personal permite al historiador abordar en detalle el tema de las transgresiones sexuales (adulterio, homosexualidad, sexo fuera del matrimonio) según la escala de valores predominante en la época, y la doble moral que en torno a ellas construyó la sociedad.

Toda esta realidad está influenciada por las medidas impulsadas desde el gobierno por José Batlle y Ordóñez y sus sucesores, como el divorcio o el control de la natalidad, que permitían el arribo del placer en la vida matrimonial. La literatura, la música y el teatro europeo también tenían un efecto importante sobre la sociedad uruguaya, tanto para los partidarios de la moral católica –que condenaba el deseo y el placer sexuales– como para aquellos que defendían el derecho al goce del amor. *

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