Una opinión crítica sobre una película elogiada

American Beauty, ¿filme sobrevalorado?

«Belleza americana» (American beauty) retoma con saña un análisis crítico que ha deslumbrado a la crítica internacional (no debemos olvidar los tres Globos de Oro ya obtenidos, además de las diversas nominaciones al Oscar de Hollywood); una prensa especializada que no ha escatimado elogios a la dirección del británico San Mendes, al guión de Alan Ball y a las meritorias actuaciones del excelente Kevin Spacey o la crispada Annette Bening.

Quizás esos entusiastas panegíricos han olvidado otras demoledoras visiones que el llamado nuevo cine norteamericano de la década del sesenta también supo mostrar en su momento.

Porque, para este cronista, se hace difícil no establecer odiosas comparaciones con otras obras que ya dijeron lo mismo alrededor de treinta años antes y que la radiografía de Mendes parece reiterar (o refritar) sin mayores novedades.

Quien pueda recordar –por ejemplo– la filmografía de Frank Perry no dudará en anteponer la obra maestra de El nadador (filme basado en un texto de John Cheever) a esta «nueva» óptica de la sociedad norteamericana. Junto con El último verano y Diario de una esposa desesperada, Perry también supo –allá lejos y hace tiempo– canjear el sentimentalismo barato de la típica comedia «happy end» por un crudísimo realismo que hizo añicos muchos preconceptos simplistas de la comunidad del norte.

A juicio de quien suscribe, American beauty repite una temática sin presentar mayores innovaciones (a pesar de algunas ideas bien logradas como cierto retorno a la adolescencia del personaje, la homosexualidad reprimida y los secretos a voces que todo el mundo oculta sobre un mundo tan idealizado como inexistente).

Muchas imágenes de este retrato feroz ya aparecían en filmes como «Mi vida es mi vida» (Five easy pieces), de Bob Rafelson o «El volar es para los pájaros» (Brewster Mac Cloud), de Robert Altman. Como si poco o nada hubiese cambiado, esta «belleza americana» también recuerda a los Maridos de John Cassavetes, la polémica Bob & Carol & Ted & Alice de Paul Mazursky o El graduado de Mike Nichols.

Son pantallazos de un pasado fílmico que ya había tirado sus dardos contra la hipocresía y la intolerancia en «Busco mi destino» (Easy rider), de Dennis Hopper, «Perspectivas» (Medium cool), de Haskell Wexler o Taking off de Milos Forman. Es que, al igual que Mendes, otras miradas foráneas ya habían registrado las contradicciones del sistema: desde Michelangello Antonioni en Zabriskie Ponint hasta John Schlesinger en «Perdidos en la noche» (Midnight cowboy) la pantalla grande supo registrar los entretelones de esa existencia artificial que el mundo mágico de Doris Day se empeñó en ocultar.

Esta nota no pretende establecer –en definitiva– una lista de títulos comparativos. Sólo busca marcar un llamado de atención que no deje pasar por alto tantos largometrajes importantes (como Joe, La última película, etcétera), que dijeron lo mismo pero antes. Esta «Belleza americana» –que no marca mayores rasgos diferenciales ni humores corrosivos–, no debería encandilarnos tanto porque, después de todo, quizás no sea la gran sátira que muchos pretenden ver.

Belleza americana (American beauty). Dirigida por San Mendes. Producida por Bruce Cohen y Dan Jinks. Guión de Alan Ball. Con Kevin Spacey, Annette Benning, Thora Birch, Wes Bentley, Mena Suvari, Peter Gallagher, Scott Bakula, Sam Robards y Allison Janney.

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