"LOS CONDENADOS", DE JORGE EMILIO CARDOZO, EN ARTEATRO

Estamos llorando las mismas lágrimas

JORGE ARIAS

 

Escribimos «debió ser», porque aunque la marginación del negro está dicha, y con fuerza, en un par de diálogos, no llegamos a ver en «Los condenados» nada muy distinto del gran drama de la pobreza y la marginación, que equitativamente incluye a negros, blancos y mestizos, y cuyas firmes conexiones con la discriminación racial hubiera sido posible explorar. La trama muestra a una familia negra con grandes dificultades para sobrevivir, aún en la pobreza; morirá un hombre estoico, que está enfermo; nada se nos cuenta que no pudiera trasladarse al ámbito de una familia blanca. Los ambiciosos propósitos del programa, esa repetición de la vida de los ancestros que «…desde la abolición de la esclavitud no han podido superar las secuelas de los daños psicológicos producto de su marginación por una sociedad que no los ha aceptado…», no llegan a materializarse.

Con «El desalojo de la calle de los negros», Jorge Emilio Cardozo encontró un fragmento de realidad donde el negro y sus problemas eran protagónicos y donde se comprendían la condena y la ausencia de redención.

Estaba el lugar físico donde vivían los negros, estaba su psicología; estaba ese sector del destino humano que se vincula con la raza; sentíamos la vibración interior de una culpa, ni expiada ni confesada claramente, hacia una colectividad que ha dado sobradas muestras de poseer lo mejor de la humanidad y de la civilización. En «Los condenados», con una anécdota más simple y una extensión menor, tenemos, sí, una ventana que se entreabre, un atisbo fugaz de una realidad que, pese a todo, es tan fuerte que nos apasiona con sólo plantarla en el escenario; pero no pasamos del chispazo, de algo que vislumbramos en un relámpago.

Es muy de lamentar, porque Cardozo reitera aquí cualidades que le permitían afrontar empresas mayores: tiene un fino oído para el lenguaje popular, escribe diálogos que tienen vida y soltura, percibe con claridad las situaciones típicas, sabe dibujar convincentemente un personaje, como Jacinto (por Robert Brown) y Rosalía (por Mabel Beracochea).

Más y mejor aún, la puesta en escena (Horacio Lapuriz) dispone de dos actrices capaces de conmover, como Isabel Espinosa y Celia García, a cuyo cargo están los momentos, nada frecuentes en la escena nacional, en que una fuerte corriente de emoción llega a la platea.

LOS CONDENADOS, de Jorge Emilio Cardozo, por Grupo de Teatro Independiente «Afro Latino». Con Graciela Sosa, Isabel Espinosa, Robert Brown, Celia García, Willy Man Mendilarso, Celio Conde y Mabel Beracochea.

Vestuario de Mirta García, puesta en escena de Mary Rose, dirección general de Horacio Lapuriz. En Arteatro, Canelones Nº 1136. *

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