Un McCartney for ever

Si algunos dudan que hay, cualitativamente hablando, un Paul McCartney pos-revolucionaria-experiencia-Beatles, la espléndida edición de Wingspan comprueba sus vastas, prolíficas dotes como compositor y, en particular, si hay que encasillarlo, lo comprueba además como unos de los mayores baladistas pop que haya brindado la cultura rock.

El doble compacto y compilado es un solventísimo recorrido del cantautor británico en su fase a bordo de Wings, su emblemática banda que fundase luego de la separación de los Beatles junto a su esposa Linda, así como en plan de solista, de modo que los espectadores podrán toparse con joyas como «Blue Bird» o «My Love», por citar dos ejemplos de lo que personalmente ha sido su mayor disco a la fecha, Band On The Run.

Hay que aclarar que el trabajo de edición es impecable: el primer compacto, Hits, practica su itinerario por sus éxitos más connotados; el segundo disco, History, recoge el resto de sus diamantes hechos canción.

Porque, en efecto, si algo demuestra claramente Wingspan es la alta dimensión compositiva de McCartney, algo que en su momento muchos observadores especializados llegaron a dudar al enterarse de una ya lejana separación de los «fabulosos cuatro».

McCartney no solamente es un creador nato que vive resucitándose a sí mismo, sino un instrumentista polifuncional y un cantante fuera de serie. Todo suma en esa figura de «baby face» que lleva dignamente las arrugas correspondientes en su rostro: porque el tiempo pasa y muchos nos volvemos sordos como una tapia, pero McCartney ha cruzado todas las épocas intactas con brillo y elegancia, yendo del pop al rock, fumando pipas de la paz en noches que no quieren ser más solitarias. Un doble álbum soberbio para resumir, así, un McCartney for ever. *

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