Teoría y juego del ángel
Cada una de sus obras permite captar un nuevo ángulo de un diamante que parece no haber mostrado aún todas sus facetas; y a la obra literaria se deben agregar, para hacer más complejo el retrato, el interés del autor por la música y sus admirables realizaciones como dibujante.
Se nos dirá que García Lorca es fácil de comprender y se apelará al testimonio de «Bodas de sangre», «Doña Rosita la soltera» o «La casa de Bernarda Alba»; o a los muy leídos y escuchados «Romance de la casada infiel» y «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías». Pero si viéramos, sin saber quién es el autor, «Así que pasen cinco años», «El público» o «Comedia sin título», o si leyéramos, en la misma ignorancia, los poemas de «Poeta en Nueva York» y nos dijeran que pertenecen al mismo autor de las primeras nombradas, apenas podríamos creerlo. Virginia Lago y Marcelo Alvarez han sentido este hechizo y hasta este misterio de García Lorca; han creado en su homenaje una obra que, aunque les pertenece por entero, atribuyen al poeta, con el título de «El ángel», que es apenas el Lorca más superficial e inmediato.
Lago y Alvarez han seguido la línea de menor resistencia. Coleccionaron poemas populares españoles, algunos de García Lorca y otros propios; los dicen y los cantan; y no hay más.
Pero la selección es superficial y hasta el título elegido no concuerda con el poeta, como sabrá quien haya leído su «Teoría y juego del duende», donde el «ángel», aún andaluz, es reprobado. Hay en esta pieza algo de música; hay algo de canto y algo también, como parece casi obligatorio, de la muerte del poeta; no hay un hilo conductor, un sentido claro, una estructura sólida, un intento de síntesis. La única constante es el ir y venir, al final casi insoportable, de la canción del mismo Marcelo Alvarez «Ay que día tan triste en Granada».
Tanto la escenificación (Virginia Lago y Daniel Marcove) como la interpretación (Virginia Lago) son esquemáticas. El vestuario, con su hermoso contraste entre las telas rojas y los trajes blancos con toques rosas es lo único a rescatar del primer rubro; la actriz, de quien vimos excelentes interpretaciones en «La Piaf» en nuestro medio y en «Violeta viene a nacer», sobre Violeta Parra y «Mariana Pineda» en Buenos Aires, se reduce aquí a un repertorio muy breve de voces y gestos.
En cuanto a la dicción, interpreta los versos, cuando no los canta, en una zona monótona e indecisa entre el habla común y la melodía; en cuanto a los gestos, luce una sonrisa inexpresiva que termina por no significar nada. Lago se mueve con gracia, pero sin una intención corporal definida; y su insistido manipuleo, pliegues y despliegues, de una hermosa tela roja, trató en vano de sumar belleza plástica. *
EL ANGEL, sobre poemas de Federico García Lorca y otros, de Virginia Lago y Marcelo Alvarez, con actuación de Virginia Lago. Música de Marcelo Alvarez, ambientación y vestuario de Virginia Lago, dirección de Virginia Lago y Daniel Marcove.
Compartí tu opinión con toda la comunidad