Elogio de lo femenino
Eve joven probó como terapia el alcohol, la vida promiscua y bisexual, las riñas en los bares y los roces con la Mafia, en el mejor estilo de «Buscando a Mr Goodbar»; a los 24 años se casó con un viudo, Richard Mc Dermott, de quien se divorció pero del que adoptó a su hijo, el hoy presentador de televisión Dylan Mc Dermott; a los 46 años parece haber socializado y sublimado tanto sus evidentes energías e impulso como su traumática experiencia infantil a una intensa y exitosa campaña en defensa de la mujer golpeada y violada, donde «Monólogos de la vagina» ha sido, hasta hoy, su mayor triunfo.
La obra, tal como la vimos en el teatro del Centro, tiene dos vertientes. Una es claramente obra de Ensler, y nos revela a una escritora inteligente, aguda y con una clara destreza literaria. Allí se destacan los conmovedores episodios de «Mi vagina era mi aldea», donde la autora muestra su arte al contar, mediante la narración indirecta, los efectos devastadores de una violación, «La pequeña Cachu», que ilumina con renovada luz el amor de las hijas de Mitilene, y «Yo estaba ahí», donde la autora relata el nacimiento de su nieta; también tienen mérito los episodios humorísticos de «La inundación» o «La mujer que amaba gemir».
La otra vertiente, que puede deberse a la misma autora, parece venir del café concert y sus consabidas bromas sobre el sexo, como los varios y divertidos nombres que, en número no menor de sesenta, tiene la vagina en el habla popular, y que nuestro Pancho Cabrera (a quien algunos críticos avisados identificaron con el poeta Sarandy Cabrera) recopilara con devoción en los versos de «Nomenclatura y apología de la concha» (Del Vintén Ediciones, 1988).
No estamos seguros de que ambas vertientes deban necesariamente confluir, pero Cipe Lincovsky lo puede todo y así como se demostró capaz de unir en un solo espectáculo a Sófocles y a los chistes del Boulevard Corrientes, aquí vuelve a sintetizar todo lo que puede decirse, palparse y hasta olfatearse a propósito de la concha. La actriz, en la cúspide de su larga y fecunda carrera, produce con estos «Monólogos de la vagina», en forma inmediata y a la vez, amor y respeto. Es intensamente femenina, con un encanto irrepetible que para nosotros se apoya en su mirada, que sabe y comprende todo, a la vez inteligente y dulce, y que nos llega después de atravesar una experiencia de vida de cuya riqueza nos muestra un dorado destello; también su encanto está en su voz, todo sentimiento, matices y trémolos, capaz de todas las emociones para lo que le alcanza, a veces, con un hilo sonoro que adivinamos, no obstante, inquebrantable como una roca y firme como el acero.
Cipe es, más que cualquier otra cosa, una mujer valiente. Ha triunfado hasta sobre sí misma: todo podría recobrarlo o reconstruirlo, si necesario fuera, con esa sola virtud. ¿Cómo podría no triunfar ante el público?
«Monólogos de la vagina» está dirigida con su habitual sobriedad, eficacia y acierto en la iluminación por Mario Morgan. En una cartelera como la del Montevideo de hoy, donde felizmente se encuentran el brillo y la excelencia, Cipe Lincovsky nos ofrece un espectáculo de una calidad impar.
MONOLOGOS DE LA VAGINA, de Eve Ensler, en versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino, con actuación de Cipe Lincovsky. Iluminación de Adán Torres, ambientación sonora de Nelly Franca, dirección de Mario Morgan. Estreno del 6 de agosto, en Teatro del Centro «Carlos Eugenio Scheck», Plaza Cagancha 1168, tel. 902 89 15. *
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