ERUPCION EN LAS INSTALACIONES DEL RADISSON

Un volcán llamado Courtney Pine

El martes pasado temblaron las paredes del Radisson. El septeto de Courtney Pine convocó a la audiencia a ponerse de pie, cantar, palmotear, bailar, saltar, gritar y sacudir los cuerpos de todas las formas imaginables, mientras desde el escenario los músicos tocaban con un frenético desborde de decibeles por encima de lo tolerable para tímpanos normales.

El show fue impactante para aquellos que consideran que la medida de lo bueno es lo espectacular. Desde la primera nota del primer tema («Brotherman») la sección de ritmo se instaló a todo vapor con una vehemente base reggae, sobre la que Pine improvisó con sus saxófonos soprano, alto y tenor, demostrando una técnica apabullante para descargar fraseos desenfrenados y escalas ascendentes que terminaban inevitablemente en larguísimos sobreagudos. Se ayudó para eso en la legendaria «respiración circular» (que usaba hace 40 años Rashaan Roland Kirk), que le permitió soplar sus instrumentos sin interrupción durante varios minutos, método infalible para obtener la ovación del público. Algunas buenas ideas de influencia coltraneana se vieron ahogadas a los pocos compases por la insistencia en la repetición de frases cortas y restallantes, en los sorpresivos y bruscos contrastes entre breves notas agudas y graves, en el exceso de «slaps» que provocaban un staccato exagerado por los golpes en la lengüeta del saxo.

Un pasaje de calma pareció instalarse con la hermosa composición de Thelonious Monk «Round Midnight». Aquí Pine tocó el EWI (electric wind instrument), una especie de sopranino electrónico, que sonó aceptable hasta que su ejecución empezó a tener visos de payasada. Otro clásico del jazz fue «Moanin'», de Bobby Timmons, pero se interpretó fuera de programa, con un acentuado ritmo bombástico, con parte del público bailando junto al escenario y frecuentes interrupciones y entrecortadas conversaciones del director para permitir poses fijas y cómicas de sus músicos.

Quizá para el recuerdo quede el intenso solo de trombón de Dennis Rollins en «Keep It Real» y un cierto aire de gospel en «Jazz Step», tema del propio Pine. Pero este volcán británico, que supo incendiar los entusiasmos físicos de muchos, no cumplió de igual manera con las expectativas en materia de jazz. Si este es el promocionado «jazz del nuevo siglo», es fácil concluir que el del siglo pasado fue mucho mejor. *

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