Un tiempo de no compromiso

Despegándote de la obra, ¿te parece que se puede mantener la ética y los ideales haciendo lo que hacen los personajes?

–Está bravo. Personalmente, al que era periodista y hoy escribe en la revista Caras o al actor que tiene un programa de entretenimientos los juzgaría con dureza. En el terreno artístico soy bastante intolerante, no admito excusas. Como artista estoy haciendo una opción expresando algo concreto y estoy transmitiendo una ideología, me guste o no. Yo que soy muy desmemoriado, no me olvido de cierta gente que dijo e hizo ciertas cosas durante la dictadura y hoy dice y hace lo contrario. No es que los persiga o los denuncie públicamente, pero me gusta tenerlo presente. Creo que una de las características de este tiempo, es que se empezó a alivianar la posibilidad de no compromiso. El tema es como hacer para mostrar que hay otro camino. Los medios de difusión que hoy han ganado un poder que no tenían hace diez años, especialmente la televisión, están constantemente transmitiéndonos ese concepto de frivolidad. Es verdad que en aquel tiempo se exageró mucho el sacrificio por lo colectivo y eso trajo secuelas. Pero la ferocidad con que hoy se plantea el individualismo es demasiado. Y no hay una respuesta. No hay una respuesta artística. Yo creo en los cambios culturales, hoy pienso que si hay una revolución, si no hay una revolución cultural no va a ser una verdadera revolución. Y veo la despreocupación en la izquierda en ese sentido. No hay una búsqueda, tampoco en el arte. No estoy diciendo que yo tengo la solución, pero creo que hay que buscar. *

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