"HAY QUE DESHACER LA CASA", DE SEBASTIAN JUNYENT, EN SALA CERO DE TEATRO EL GALPON

Cambiar es difícil

Con el pretexto del reparto de una herencia familiar, estalla el conflicto entre las dos partes interesadas, dos hermanas, en un relato que alterna el drama y la comedia dejando atrás el lado material del asunto; confluyen dos maneras distintas de ver la vida, el lugar de la mujer y lo que puede llegar a ser en esta vida. Dos maneras que quizás sean la misma.

Al respecto de esta puesta en escena LA REPUBLICA entrevistó al director, Juan Carlos Moretti, y a las protagonistas Graciela Escuder y Alicia Alfonso.

–¿Qué es lo que interesa mostrar en «Hay que deshacer la casa»?

G.E.: No es fácil esta pregunta. Yo como actriz te diría, o como mujer, que me resulta un poco difícil aceptar que estas mujeres no puedan cambiar. Sin embargo, también debo reconocer que esa es mi aspiración, mi deseo, y que muchas cosas de estas dos mujeres que se pelean por una herencia pero en realidad pelean por sus vidas, por sus sueños, por lo que han vivido y por lo que han recibido exactamente como herencia de sus padres, en lo afectivo también, son muy parecidas a muchas de nosotras. O en muchos casos tienen perfiles que nosotras seguimos teniendo. Yo un poco pienso que el cambio tiene que venir en la realidad, pero que lo interesante de la ficción es que muestre el tema, el problema o la situación, para que por lo menos podamos reflexionar. En muchos momentos, a partir de este personaje, he reflexionado cosas que me pasan a mí en mi casa, cuando pienso en las relaciones con mi familia. Porque nosotras teóricamente parecemos mujeres liberadas: trabajamos, somos ejecutivas, somos actrices. Pero además somos amas de casa, y limpiamos, fregamos, organizamos y atendemos a los hijos, y en muchas cosas aún no se produjo realmente la liberación de la mujer, y que pueda proyectarse de la mejor manera posible que desee.

–¿Por qué hacer esta obra? ¿Por qué este autor?

J.C.M.: Yo creo que de las cosas que más nos interesaron para hacer la obra, es la universalidad que tienen los temas que tratan. Son temas que, a pesar de ser una obra que se hizo hace un tiempo, Sebastián (Junyent) la escribió hace un tiempo, sigue teniendo vigencia la problemática, en sí, que trasciende la individualidad y la coyuntura de la obra. Porque creo que va mucho más allá de lo que el pretexto supone, ya que no es más que eso: un pretexto para presentar a dos mujeres que se reparten una herencia. En esa coyuntura que plantean estos dos personajes, se tratan temas de una enorme universalidad para la mujer, para la problemática de la mujer desde el punto de vista familiar, desde el punto de vista individual, desde el punto de vista social. De sus miedos, sus frustraciones, sus logros, de sus afectividades frustradas, de sus afectividades encontradas. La obra está llena de idas y venidas, que hacen que esta pieza no sea esquemática, es muy rica en ese sentido. Porque no trata sólo un tema, sino que va y viene con una humanidad que hace que estos dos personajes sean muy creíbles y muy queribles, amén de ser muy reconocibles, sobre todo. Nosotros podemos reconocer a estos seres en la presencia de estas dos mujeres en un escenario.

–¿Comparten la visión del autor con respecto a las mujeres, tal y como las plantea en su texto?

A.A: Lamentablemente sí. Creo que nosotras, tal y como lo decía Graciela, jugamos a ser otra cosa. Pero yo creo que se está dando un cambio en definitiva, es algo que nosotros discutimos mucho, por ejemplo con respecto al final de la obra.

Si realmente estas mujeres están tan atrapadas, y no hay ninguna posibilidad. Creo que en este momento hay otras posibilidades, el problema es que hay que animarse. Yo comparto el tema que es muy difícil de cambiar, cuando vos estás criado en algo, cuando vos estás con una educación muy férrea en un montón de cosas, vos pensás que rompiste, y cuando te querés acordar estás en lo mismo. Es lo que le pasa a mi personaje, esta mujer viajó, anduvo por acá y allá, y cuando vuelve, se enfrenta a la hermana, se enfrenta a la casa, y se da cuenta de que sigue siendo la misma niñita ignorante. Que no pudo zafar. Los cambios radicales se pueden hacer pero tenés que estar abierto de cabeza, y creo que hay una enorme cantidad de mujeres que no pueden, por su educación o porque a veces se quedan en la fácil, que hacen que se queden en esa trampa que puede ser la vida. Entonces, lamentablemente sí, comparto lo que dice la obra. Y digo lamentablemente, porque la obra está bárbara, y además tiene algo muy lindo que es que vos te podés poner en distintos momentos de la obra en una o en la otra hermana. Te identificás con alguna siempre. Son personajes muy complejos, muy ricos en todo lo que plantean. Las dos tienen razón en lo que dicen.

–¿En cuanto a la puesta en escena existe algo que quieran destacar?

G.E.: Como actriz, y pienso que está de acuerdo Alicia conmigo, es un trabajo muy interesante. Bucear en estos personajes que tienen tal ofrecimiento psicológico es todo un desafío. Que también da mucho placer. No siempre te encontrás con personajes que muchas veces son parte tuya. Como mujeres, como seres humanos ya que creo que a los hombres le pasan lo mismo, podemos sentirnos identificadas. Hay parte de una en el personaje. Y eso es lo que las vuelve tan humanas, tan queribles. Es un placer poder transitar en este tipo de personaje. Se puede decir que te devuelven una sabiduría interesante para tu propia vida. *

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