Dos estrenos diferentes
Se podría decir que son modas. Así como en su momento le tocó al cine iraní y más atrás en el tiempo al japonés. El cine hecho hoy en la China «no comunista», es decir Hong Kong y Taiwan, está despertando gran interés en festivales internacionales, revistas especializadas y público cinéfilo.
Como siempre hay razones para ello, las películas de Wong Kar Wai y Ang Lee, por ejemplo. El estreno en Cinemateca 18 de El río, realización taiwanesa del malayo Tsai Ming-Liang, otro de los descubrimientos recientes del cine del Extremo Oriente, puede demostrar el porqué de esta moda. Tsai Ming-Liang nació en Malasia pero vive en Taiwan. En 1977 se graduó en el departamento de drama de la Universidad Cultural China. Trabajó en teatro y televisión, y en 1992 debutó como director de largometraje con Rebeldes del Dios neón, un drama urbano desencantado y violento que llegó a exhibirse por aquí. Algunos de esos rasgos se reiterarían en su siguiente película, Viva el amor, y conducirían a este Río que constituye, a juicio de muchos, una de sus culminaciones. Lo que se desprende del conjunto, según comentarios, es una visión del mundo de un radical pesimismo, destilada desde el centro mismo de la convivencia familiar y desde la vida en una sociedad que no parece ofrecer salidas. Hay un matrimonio veterano que no se habla, y un hijo adolescente que arrastra sus propios desconciertos. La madre tiene un amante más joven que ella, que distribuye videos pornográficos y al que mendiga amor. El padre duerme en una pieza que se llueve, en una cama sin colchón, y recorre los saunas homosexuales del barrio. El hijo anda en moto todo el tiempo y habla poco. El cuarto personaje es el agua, que a diferencia de lo que suele ocurrir en el cine, donde por lo general aporta un significado de pureza y vida, asume en cambio un papel dañino y corruptor. De hecho, el hijo enferma por culpa del agua: una amiga le ofrece un papel de extra en una película, en la que debe representar a un cadáver en un río contaminado, y a partir de ahí comienza a padecer un dolor en el cuello que ninguna práctica médica resulta capaz de curar.
Más allá de la anécdota, que no es seguramente lo más importante, El río es, más allá de modas cinematográficas, una oportunidad para descubrir un cine diferente. *
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