"El huracán": un largometraje de tres horas que pasan desapercibidas

Injusticia penal

En este caso, El huracán relata el drama del pugilista norteamericano Rubin Carter, acusado injustamente de un triple homicidio que no cometió y por el que debió purgar unos veinte años de prisión. Esta injusticia penal se convirtió en tema recurrente de artistas, militantes políticos y atletas durante la década del setenta, (desde Bob Dylan hasta el propio Classius Clay, pasando por Ellen Burstyn, por ejemplo), luego que el propio convicto publicara un libro autobiográfico titulado El décimosexto round, sobre el que se basa Jewison (además del texto Lazarus an the hurricane) para armar su estructura fílmica. Lo bueno del caso es que la película no se contenta con la caligrafía plana de una estructura narrativa clásica sino que va desgajando flashbacks mientras construye otro relato paralelo sobre el joven afroamericano que –luego de leer el libro y creer en la inocencia del «Huracán»–hizo todo lo posible para sacarlo de prisión junto a unos defensores de los derechos humanos residentes en Canadá.

La sapiencia de Jewinson intercalando fragmentos en blanco y negro con raccontos de varias décadas, retomando secuencias desde diversos ángulos y logrando que las casi tres horas de duración del largometraje pasen desapercibidas para atrapar defitivamente al público, confirman su capacidad mayúscula de narrador. Nada de lo que aparece en la realización impresiona como gratuito o sobrante; todo lleva su tiempo y medida tanto en el relato como en la construcción de perfiles psicológicos a nivel protagónico. En este caso descuella, por supuesto, la labor histriónica de Denzel Washington que ha recibido una merecida nominación al Oscar como Mejor Actor –que muy posible gane–, en el papel del «Huracán» Carter. Un trabajo serio, medido hasta en los desbordes de sentimientos encontrados que el personaje sufre recluido, lo de Washington es un ejemplo modélico de actuación.

Como si todo esto fuera poco, la producción también lanza sus dardos contra un sistema legal burocrático, la corrupción de ciertos peldaños en el sistema judicial y un racismo soterrado que todavía presenta heridas abiertas en los Estados Unidos de América.

Sin embargo, esta poderosa nación del norte tiene canales autocríticos de relevancia (como la propia cinematografía), que logran mirar (y mirarse) hacia las mismas entrañas de un proceso que hace a los valores elementales de todo derecho constitucional. Frente a películas de esta naturaleza y calidad, vale la pena perder los prejuicios con respecto a duraciones que excedan los noventa minutos. Esta obra es un ejemplo imperdible.

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