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Viglietti canta hoy en el Cerro

Blanca Nilo debe someterse a una intervención quirúrgica para no perder la vista.

Hay individuos que están marcados por un don. El de Viglietti ha sido el de crear bellas canciones populares desde una posición contestataria y al mismo tiempo poética. Un poeta, una voz inconfundible, una música elevada, ese es el santo y seña de este uruguayo que hace más de tres decenios viene produciendo emotividades varias en diversos auditorios.

Daniel Viglietti nació en Montevideo el 24 de julio de 1939, en el ámbito de una familia de músicos. Su madre era pianista, su padre guitarrista.

El ha confesado que sus primeros recuerdos se remontan a una vieja victrola sin bocina, regalo de su padre. En ella escuchaba a Tormo, a Los Trovadores de Cuyo, a los hermanos Abalos. Luego tuvo un tocadiscos y en él escuchaba a Yupanqui, los Chalchaleros, los Fronterizos. «A mí también me formó el cancionero argentino. Luego fui descubriendo que existía lo nuestro. Yo cantaba con aquellos discos viejos, al tiempo que tomaba contacto con la música elaborada. El piano de mi madre, la guitarra de mi padre, me abrieron sus puertas. Fui integrando entonces ambas músicas. Admiraba profundamente a Stravinsky, pero también a Yupanqui, espontáneamente. Luego me di cuenta por qué no existen fronteras valorativas entre ambos. Y me sigue ocurriendo con la música concreta y Los Beatles, con Gardel y Victoria de los Angeles. El propio Igor Stravinsky no encontraba para la música otra posible clasificación que la de buena o mala. Creo que tenía razón».

Viglietti estudió con el maestro Atilio Rapat, así como en el Conservatorio Nacional de Música, con el recientemente fallecido Abel Carlevaro.

A fines de los años cincuenta se dedicó a la canción popular en base a sus propias composiciones o a las creadas sobre textos de Federico García Lorca, César Vallejo, Juan Cunha, Idea Vilariño, Mario Benedetti y Washington Benavides, entre otros.

En nuestro país desarrolló una intensa actividad como intérprete, compositor y docente. Su discografía se inició en 1963 con Impresiones para canto y guitarra y Canciones folclóricas (Antar Telefunken), obteniendo el Premio del Círculo de la Crítica del Disco. Luego grabó y editó Hombres de nuestra tierra (Antar, 1964); Canciones para el hombre nuevo (Orfeo, 1968); Canto Libre (Orfeo, 1969); Canciones chuecas (Orfeo, 1971); Trópicos (Orfeo, 1973).

«Los años, los fenómenos de nuestro tiempo, el contacto con poetas valiosos canalizaron mi deseo de expresión hacia hechos y circunstancias concretos que me importan, para que la música los rescate, los exprese, los esclarezca. Necesito pues la palabra. La circunstancia histórica y social me exige decir, no sólo cantar. No es que otros sentidos y otros contenidos de la música no valgan, pero yo necesito la palabra, la palabra que sugiera, que desentrañe, que impulse. Tenga la dimensión de un Vallejo o un Lorca, o la simple intención de un simple letrista como yo».

En 1972, en medio de la represión desatada por el gobierno de Juan María Bordaberry, autoritarismo que anunciaba la dictadura que se institucionalizaría un año después, Viglietti fue detenido al igual que miles de compatriotas. Liberado gracias a la solidaridad del pueblo y a una campaña internacional apoyada por figuras de la talla de Miguel Angel Asturias, François Mitterrand y Jean Paul Sartre, más tarde, como otros cantores populares, tomó el camino del exilio. Se radicó en París, Francia, durante once años, donde continuó su carrera de compositor e intérprete, realizando paralelamente una amplia actividad internacional. En Europa reeditó varios de sus discos anteriores y publicó Viglietti en vivo.

El 1º de setiembre de 1984 retornó a Uruguay cuando la presión popular obligó a la dictadura a dar paso a la transición hacia la democracia. Viglietti fue recibido por miles de compatriotas y el mismo día brindó un recital en el estadio de fútbol Luis Franzini ante veinte mil mil personas.

Desde su regreso al Uruguay ha publicado varios fonogramas: Trabajo de hormiga (Music Hall, 1984), Por ellos canto (Orfeo, 1984), A dos voces volúmenes I y II, junto a Mario Benedetti y Esdrújulo.

También se han reeditado en formato compacto todos sus fonogramas.

El costo de las localidades para el concierto que Viglietti brindará hoy en la sala de la calle Grecia 3281 casi Norteamérica será setenta pesos. Allí podrán escucharse «Canción nueva», «Anaclara», «No tan gotán», «Soledad Barret», «Daltónica», «Otra voz canta», «El chueco Maciel», «Por ellos canto», «La llamarada», «Muchacha», «Sólo digo compañeros», «Gurisito», «Antojo» y «A desalambrar» entre otras canciones antológicas de la canción uruguaya. *

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