Vitalidad del Teatro Popular
JORGE ARIAS
El teatro de Eduardo D’Angelo se está situando en la buena línea del teatro popular. El autor y director no se presta a ningún equívoco: no pretende hacer teatro de arte. Sin embargo, esta modestia le permite la virtud por omisión de no dar obras a medias, subrepresentadas, subleídas, subentendidas o subdirigidas. Tampoco cede D’Angelo a la pura zoncera ni a la grosería rampante en nuestros escenarios, y demuestra, con el muy respetable público que lo sigue, que se puede hacer teatro de pura diversión sin apuntar de la cintura para abajo.
Como autor, D’Angelo urde sus intrigas con esmero y hasta con algún ingenio que, claramente, porque el autor no trata de parecer lo que no es, es socorrido por todas las clásicas comedias de equivocaciones; sus libretos incurren aún en el chiste inmediato, en la acotación chusca pero superficial, en el puro retruécano o juego de palabras; pero D’Angelo tiene instinto, narra una acción, avanza con firmeza; delinea, bien que sucintamente, a los personajes
Como siempre, Adhemar Rubbo dio una lección de arte interpretativo y su capacidad histriónica agregó mucho a la viabilidad de la pieza. Eduardo D’Angelo, autor y director, es también el actor que interpreta al protagonista. Hizo derechamente el personaje que compone siempre; quizás su propio público le impide componer un personaje distinto. Es, con todo respeto y salvando las distancias, el mismo D’Angelo: dinámico, comunicativo, decente, laborioso y con sentido del humor. No diremos que «Seamos felices» sea un acontecimiento en nuestra escena; pero la gente de teatro que se queja amargamente de que nadie va a sus espectáculos serios, podría analizar con provecho la persistencia, a través de los años, de todo un público, para nada desdeñable, que sigue a este artista. *
SEAMOS FELICES, de Eduardo D’Angelo, con Eduardo D’Angelo, Cristina Gayo Adhemar Rubbo, José Iriarte, Ricardo Aulet, Juan Angel Sánchez, Nenée Beiro, Diego D’Angelo, María Noel Ugolini y Sharon Laroz. Ambientación de Mónica y Jaime Wolff, luces de Hugo Segobia, dirección de Eduardo D’Angelo. En el Teatro de la Alianza Francesa de Montevideo, 18 de julio 1772, Tel. 408 60 12.
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