Representación de la lírica
Todo regreso de Luis Alberto Spinetta siempre será bienvenido, ya que se trata de uno de los mayores creadores de los últimos treinta años. La música de Spinetta es la celebración de una forma de vida, de una forma inimitable de fundar una poética que a lo largo de las décadas, desde Almendra al flamante Silver Sorgo ha trabajado diversas líneas de tensión escritural con un esmero superlativo.
Desde que cierto «crash» afectivo lo volvió públicamente más discreto y poco visible hasta para las publicaciones específicas de música rock, Luis Alberto Spinetta actuó artística y estéticamente por oposición a lo que venía haciendo con Los Socios del Desierto: la furia de canciones como «Bosnia» de la que practicó una versión memorable en vivo en una de sus presentaciones en el cine Plaza– ahora transita por su contratapa o su revés. Ese pasaje del pasajero que camina leyendo la comarca (de ahí la denominación del nuevo disco que alude a la tensa, crítica situación social en la Argentina) y la peripecia de su yo particular.
A la manera de Los ojos, su anterior disco, Silver Sorgo pretende afianzarse en sus receptores como una secuencia de ensayos amorosos. Como si cada «track» estuviese encadenado para construir una sola canción que recupera para estos sacudidos lugares del Cono Sur una idea cabal de lo pueden representar las formas líricas.
Es entonces el Spinetta alma de diamante que circula en torno a variaciones y en donde el espesor de su letrística impacta, convence y llega a conmover, acaso porque este autor sabe todos los cuentos y cómo relatarlos, cómo hacer chocar las palabras y cómo emitirlas con un teñido entre melancólico y enternecido.
Vaya sensibilidad la de Luis Alberto Spinetta: el compacto luce una alta y generosa sensibilidad, su refinamiento arreglístico que es santo y seña, y un modo de entregarse fuera de serie.
Como para que lo cataloguen, una vez más, de clásico. Merece escucharse. *
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