ENTREVISTA CON EL PIANISTA NUMEN VILARIÑO

"Vivir es un acto de responsabilidad"

Hoy volverá a cautivar a los auditores con su concierto «Piazzolla 93″, que brindará a las 19.00 horas en el Teatro del Centro.

Este hombre se confiesa tranquilo y feliz por llegar a lo que ha llegado –más allá de lo artístico– por su experiencia de vida. «Vivir es un acto de responsabilidad. La vida es eso, crecer en lo sensitivo y lo espiritual».

Sus padres Leandro Vilariño (poeta y barraquero) y Josefina Romani tuvieron cinco hijos: Poema, Azul, Alma, Idea y Numen. Alma se destacaba como pianista, tanto que Numen ha reconocido que ella fue quien le enseñó muchas de las técnicas de ejecución. Azul tocaba la guitarra (falleció tempranamente a los 23 años) y era un típico muchacho de barrio al que que todos los vecinos saludaban con indisimulado cariño. Idea Vilariño, quien hoy es considerada como la mayor poetisa contemporánea, tocaba el violín y, según Numen, lo hacía muy bien.

Esta familia de artistas fue un referente de cultura y solidaridad para todos sus vecinos del barrio La Comercial. Primero habitaron una casona de la calle Inca y Cuñapirú (hoy Juan José de Amézaga), luego se mudaron a otra casa en la misma manzana, en la calle Justicia casi Cuñapirú, donde la empresa familiar fue la famosa Calera Oriente (barraca de construcción), propiedad de don Leandro, un convencido anarquista que –según recuerda Numen– era más compañero que patrón. En su barraca las cosas se resolvían juntos, todo compartido. El fondo de la casa tenía un estanque con patos y otros animalitos, también una higuera enorme que era lo más alto de la manzana. En esa fermental zona habitada entre los años treinta y setenta por un gran contingente de inmigrantes europeos, los comercios eran el lugar en que los vecinos compartían penas y alegrías, algo muy distante de la actual cultura despersonalizada de los shoppings y supermercados. El bar Fernandito, la tienda de ropa para hombres de Cappozzolo, la peluquería de Pantaleón , la zapatería del italiano Pascualito, la «chanchería» de Bachicha, el almacén de cueros de López Pita, una casa de venta de sombreros, dos farmacias en una misma cuadra (ambas con boticario incluido), dos tambos, el almacén de los armenios, el de Ivonne, la florería La Primavera, el Montevideo Basquetbol Club y otros comercios eran los lugares por donde discurría la vida de la familia Vilariño.

La familia

«Mi madre –recuerda Numen– falleció joven, a los 42 años. Ella había dicho que yo tenía que dedicarme al piano. A mí me parecía que Alma era la destinada, me parecía que era una virtuosa. Sin embargo, tal vez fue eso lo que me volcó al piano, fue un compromiso. Yo tenía apenas diez años cuando falleció mamá.

La nuestra fue una familia cuya vida fue muy golpeada pero parece que uno no puede arrepentirse de nada, fue una familia feliz, muy nutrida, muy alimentada de cosas que valen la pena, aunque todo costaba mucho sacrificio. Eramos muy amigos con Jacobo Langsner, que vivía también en la calle Justicia; su padre tenía una tienda de sombreros. Era un barrio de artistas.

A los 14 años concurrí al Taller Torres García. Allí me llevó Alpuig y fue allí que me hice muy amigo de José Gurvich».

Numen sigue rememorando sus años de juventud y un intenso brillo asoma a sus pequeños ojos cuando narra que en un barco conoció a Violeta Parra, amistad que se iba a mantener hasta la muerte de la folclorista chilena. «Eran unos 180 chilenos y entre ellos había una persona chiquitita y peluda. Fueron casi treinta días embarcados en un viaje a Europa. Yo tocaba el piano en el buque y Violeta (a escondidas) me escuchaba. Ella guitarreaba; era el año 55. Recuerdo que me dio un disquito pequeño. Fue su primera incursión en Europa y aún conservo una jarra que ella me regaló en Portugal. Entramos a una vinería en la parte alta de Lisboa. Bebimos vino y ella me regaló su jarrita azul, la mía era roja, las intercambiamos».

Numen se casó en 1959 con la bailarina Emma Haberli, una de las referentes de la danza en Uruguay. Tuvieron una hija, Elena Vilariño, que también se destaca como su madre en el arte de la danza. Luego vendría un nieto, Leandro, que hoy tiene catorce años. Numen y Emma son una de esas parejas modélicas. «Tantos años y siempre juntos. En esta época de disgregación social, cada día valoramos más y más el amarnos y permanecer unidos, el apoyarnos mutuamente» –confiesa este hombre sin ocultarse tras falsos pudores.

Como tantos otros, Numen partió al exilio en 1975. Había decidido no tocar más el piano, sino dedicarse a la docencia (otra vocación), cosa que hizo en Europa como medio de vida, al tiempo que tocaba sólo en conciertos solidarios con nuestro país y otras naciones latinoamericanas que eran castigadas por férreas dictaduras.

En Francia, donde se radicó, compartió escenarios y vivencias con Viglietti, Numa Moraes, el Sabalero José Carbajal. Esa era la nación europea donde se producían más actos de solidaridad con Uruguay. Los organizaban Amnistía Internacional, la Cruz Roja, el Comité de Familiares de Desaparecidos y Casa del Uruguay, entre otros. «Viví siempre con una valija al lado, nunca me sentí radicado. En ese tiempo, junto con Emma, viajamos a México, actuamos juntos, tambien en España, Italia y otros lugares. Con Ruben Sassano recorríamos Europa buscando uruguayos exiliados, tratando de reunirlos. Ruben siempre decía: ‘No se puede andar saltando como mosquitos en el lomo de un elefante, hay que juntarse’. Ese era su santo y seña al encontrarse con otros uruguayos exiliados.

Nos poníamos en contacto con la gente y así aprendíamos cómo se resolvían situaciones muy difíciles. Así conocí a Osiris Rodríguez Castillo y a su compañera, Consuelo. Nos hicimos muy amigos y para mí fue un referente ético, como persona, como ser humano, como artista. También viví junto al poeta y pintor argentino Higinio Mena. En el exilio se dieron mucho las confesiones a nivel humano, lo político partidario no pesaba tanto, se hacía hincapié en lo solidario. La gente no conversaba, se confesaba, y eso tenía un peso muy fuerte».

Durante todos estos años de ida y vuelta permanente entre Europa y América, Vilariño nunca dejó el tango de lado. Interpreta a Piazzolla con una brillante maestría. Tanto así que en 1968 el propio Astor dijo: «Fantástico, Numen me interpreta, no me imita». Con su formación clásica y sus estudios en Uruguay, España, Francia e Italia, este artista mayor incursionó en diversos estilos y formas musicales. Música popular y clásicos como Soler, Penderecki, Schumann, Chopin y otros han formado su vasto repertorio.

Recibió infinidad de galardones, ha editado varias publicaciones sobre el arte de ejecutar el piano y ocupado cargos de relevancia en centros culturales uruguayos y franceses.

Hoy, en el Teatro del Centro, estará acompañado por el pianista cubano Juan Prada y por el actor Ariel Caldarelli. Piazzolla 93 es un recorrido por la obra de uno de los creadores más importantes de la historia del tango. *

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