NIÑOS ESPIAS, DE ROBERT RODRIGUEZ

La acción como fórmula paródica

Los personajes de Antonio Banderas y Carla Gugino (la chica que se la vio por vez primera en el thriller Ojos de serpiente, de Brian De Palma) formaron parte muy activa en algún momento del espionaje internacional. Precisos e implacables, su última misión fue la de asesinarse mutuamente. El asunto, paradójicamente, culminó en una love story, matrimonio y dos hijos que se las traen.

Robert Rodríguez, el autor que sorprendió al universo cinematográfico con El mariachi, parece haber sido devorado por la maquinaria hollywoodense al punto de fundar esta Mini espías con el objetivo de capturar la atención de niños y adolescentes. A la vez, guiñar y parodiar aquellas producciones –ah, la lejana guerra fría– donde la tensión dramática hacía pensar en catástrofes mundiales.

Se lo toma en broma y, de paso, se respalda como nunca en su trayectoria cinematográfica en efectos especiales para que los oxidados ex espías, hoy matrimonio feliz, vuelvan a probar su destreza contra los villanos de turno.

Nada es fácil. El impulso megalómano de Robert Patrick y Alan Cumming habrá que frenarlo como sea, y allí está la parejita de los sueños adentrándose en un universo donde, finalmente, serán los efectos visuales los que comandarán la anécdota. Algo así como que los personajes, además de los insolentes niños (sus hijos) que tendrán la ¿titánica? tarea de rescatar a sus padres de las garras del mal, funcionarán prácticamente como marionetas en ese contexto donde Robert Rodríguez apuesta todos sus ases narrativos a los efectos visuales y sonoros (muy cuidados y solventes, vale remarcarlo) con la consecuencia de que el filme, además de menor, y pese a los aciertos paródicos antedichos, se diluye y se diluye hasta caer en un desarrollo harto previsible.

Mini espías es un filme que, a esta altura, pone en stand by las dotes de Robert Rodríguez. El ex realizador independiente construye una de espías donde no se delata el sello personal, ese modo de narrar que lo había situado entre una de las promesas del cine. O revierte la situación o este mariachi «ya fue» con su efectismo y sus happy end al peor estilo holywoodense. *

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