FALLECIO ABEL CARLEVARO

La guitarra en silencio

El guitarrista Abel Carlevaro murió el martes en Berlín, en medio de una gira que terminaría con un homenaje en el Royal Festival Hall de Londres. Deja una obra inmensa, tal vez la más trascendente del siglo XX para su instrumento.

Todo aquel que haya estudiado guitarra «clásica» se topó alguna vez con algún libro suyo. Abel Carlevaro revolucionó el mundo del instrumento como ningún otro músico de este siglo, a excepción tal vez de Andrés Segovia, con quien Carlevaro compartió amistad y mutua admiración, aunque no métodos de estudio.

Su principal aporte, el «método Carlevaro», fue una respuesta a la rigidez técnica que imperaba en el mundo de la guitarra clásica, de la que Segovia era continuador. Su método podría definirse por el siguiente principio: «Máximo resultado con mínimo esfuerzo».

La técnica del maestro era reconocida por su precisión y claridad. Su influencia en el mundo internacional de la guitarra determinó la creación de una Fundación Abel Carlevaro, en Sajonia (Alemania), para la difusión de su obra, y de escuelas Carlevaro en varios países, para la enseñanza de su técnica.

A los 82 años el maestro tenía más de dos mil alumnos en todo el mundo. Muchos de ellos pasaban temporadas enteras en Montevideo para estudiar con él.

El guitarrista compatriota Alfredo Escande, discípulo y ayudante de Carlevaro desde 1974, fue consultado por la agencia AFP sobre la influencia del maestro. «Me parece que es importante que se sepa que la figura de Abel Carlevaro ha dominado buena parte de este siglo en el ámbito internacional de la guitarra» –expresó–. «Su obra, no solamente compositiva, sino sobre todo pedagógica, es de consulta obligada en todo el mundo. Sus textos, que marcaron una revolución en la historia de la guitarra, han sido traducidos a una gran cantidad de idiomas, están publicados en chino, alemán, inglés, francés».

Pese a su edad, Carlevaro estaba en plena actividad. El año pasado fue la figura principal de la tercera edición del Festival Internacional de Guitarra, donde recibió un homenaje (tardío como siempre sucede en este país), en la que fue una de las pocas oportunidades en las que se presentó en Uruguay.

No sucedía lo mismo afuera. Este viaje a Europa era el segundo que realizaba en el año. En mayo había ido a Polonia y Suiza. En el concierto que dio en Suiza estrenó una suite de milongas en homenaje a su hermano Agustín, que acababa de componer. Hace poco el sello uruguayo Ayuí/Tacuabé había publicado en CD sus 20 Microestudios para guitarra, primera edición nacional del compositor en disco compacto.

Además de su obra como docente y compositor, Carlevaro adquirió notoriedad por el diseño de una nueva guitarra cuya concepción –la boca de resonancia no está ubicada en el medio del instrumento– rompió con los cánones de la construcción tradicional. Esa creación se convirtió en una técnica instrumental.

Entre las distinciones recibidas por Carlevaro se destacan la Orden Andrés Bello del gobierno de Venezuela, el Diploma de Honor y el Premio Gabriela Mistral de la Organización de Estados Americanos (OEA), así como doctorados honoris causa de universidades en Brasil, Perú y Rumania.

El 31 de este mes Carlevaro se iba a presentar en el Royal Festival Hall de Londres, donde iba a recibir un homenaje. Los cables que informaron sobre su deceso (este martes en Berlín debido a un ataque cardíaco) reproducen declaraciones del maestro «El almanaque no me interesa para nada: El día que me encuentre mal, el día que yo no pueda tocar la guitarra (…) entonces me declararé viejo».

El año pasado en una entrevista había declarado: «Preferiría que no me recordaran en absoluto. No me interesa que me levanten monumentos mortuorios como hacían los egipcios con sus pirámides, prefiero descansar tranquilo». *

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