La fuerza enorme de la TV
INDRO MONTANELLI *
Esta actitud –me dice un lector– demuestra una escasa consideración hacia el público televisivo por parte de las cadenas y nos hace sentir nostalgia de los años setenta, en que había mejores programas, a pesar de tener un número mucho más reducido de cadenas. Hoy el público tiene al alcance una gran variedad de programas, pero que son sumamente pobres de contenido. «¿Qué opina usted?»
No conozco la televisión porque hablar cada semana ante las cámaras de Telemontecarlo no me convierte en modo alguno en un experto. Pero puedo decir que es un medio cuya fuerza devastadora intuí hace ya tiempo. Era claro, por ejemplo, que la televisión iba a cambiar para siempre mi oficio, el del periodista de la prensa.
Desde hace tiempo, en efecto, hemos de ofrecer algo distinto de lo que ofrecen los medios audiovisuales: detalles, análisis, curiosidades, comentarios. La noticia, casi siempre, ya la ha dado la televisión.
Me concentraré sólo en dos cuestiones: la continua carrera para ganar audiencias y la posibilidad de que los italianos, cansados hasta la náusea, se alejen del televisor.
Personalmente, creo más en la primera posibilidad que en la segunda. La competitividad para captar audiencia, en sí, no puede ser demonizada. Es normal que se quiera saber qué índice de aceptación ha tenido un programa. Pero no puede convertirse en el único instrumento de juicio.
Está claro que un buen mozo que grita y una señorita que se desnuda atraen público. Pero es igualmente claro que una televisión que se centra en las escenas fuertes y en los escándalos es penosa. Pero es lo que, en parte, está sucediendo. Los excesos y las continuas solicitaciones sexuales son la marca de fábrica de la televisión moderna.
Es la tendencia dominante. Por qué hemos llegado a este punto es cosa que todos sabemos. La televisión comercial tiene que ganar audiencia para atraer publicidad, y la televisión pública, también a la caza de dinero, ha optado por hacer la competencia a las cadenas comerciales. Esta competencia ha rebajado la calidad y ha acabado por cambiar el país.
Silvio Berlusconi, el mes pasado, obtuvo el voto de una parte del país que él mismo ha contribuido a formar. El hundimiento, creo yo, se ha producido sobre todo en las franjas medias bajas de la población: un electorado crucial en cualquier país, que sólo la televisión puede alcanzar. No es casual que los candidatos norteamericanos, en los últimos tiempos, gasten buena parte del dinero de la campaña en anuncios por televisión. El resto –es algo demostrado– cuenta poco.
Con esto he intentado responder también a la segunda cuestión. La mayoría de las familias italianas no abandonará la televisión aunque la encuentre vulgar y banal: todo lo contrario.
Algunas familias, en cambio, han reducido ya sus horas de consumo televisivo o se limitan a seguir sólo algunos programas. Pero son una minoría. Y, como tal, cuentan poco. *
* Historiador y periodista. Respetado referente de la derecha italiana, Premio Godó y Príncipe de Asturias.
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