Buscando la fama sin hacer nada
¿Que es lo que lleva a que 120 mil personas –entre ellos más de mil uruguayos– quieran participar en la segunda edición de Gran Hermano? Según Ana Laura De Luso, encargada de la selección para el programa argentino no se trata de dinero.
Los 200 mil dólares en juego no pesan tanto como el deseo de «probarse a sí mismo», frase que repitieron la mayoría de los aspirantes.
El programa volverá el 21 de julio sin demasiadas sorpresas. No puede haberlas por otra parte. La empresa holandesa Edemol, dueña de los derechos del programa, dicta un manual que no deja demasiado espacio para experimentaciones. Los productores argentinos tampoco las buscan, la idea es mantener un éxito, sin buscarle demasiado la vuelta.
En la seguramente extenuante tarea de selección, han quedado selecciondas –tras entrevistas, tests psicológicos y pruebas de cámara– 36 personas de entre 21 y 40 años.
El perfil de estos seleccionados no se aparta del canon tradicional ya que los productores buscan una cierta compatibilidad grupal, e individualidades que puedan resultar fácilmente identificables con los potenciales televidentes.
Uno de los peligros de esta segunda edición, en términos de interés televisivo, es que tanto los seleccionados como la potencial audiencia conocen de antemano las reglas y la dinámica del programa.
Marcos Gorbán, productor general de Gran Hermano, no cree que esto sea un problema. «Está probado que la vida en directo es el reflejo de lo que les pasa a las personas comunes sin ningún tipo de artificialidad», declaró.
Queda por saber por qué este nuevo fenómeno televisivo que deja cortas las predicciones de Orwell, creado en Holanda, popularizado en España, repetido en Argentina y mirado –por ahora pasivamente– en este lado del Río de la Plata, genera tanto interés por parte de la audiencia.*
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