"ENTRE TAITAS, PAICAS Y VIVILLOS..."

Arrabal amargo

JORGE ARIAS

 

Carlos Rodríguez ha unido a sus encomiables condiciones de actor un interés por el teatro vivo del pasado rioplatense y recordamos en particular «Los invertidos» de José González Castillo, en su clausurado teatro «El Picadero» (1994). Ahora, luego de revalidar sus méritos de intérprete en espectáculos del Teatro Circular («Hombre de la esquina rosada» e «Interiores») ha formado el grupo «A Proscenio» con la participación de algunos actores de aquel teatro y otros del teatro independiente y, como para empezar, ha armado un sainete de sainetes, en base a obras de Nemesio Trejo, Fray Mocho y González Castillo.

Encontramos en la combinación armada por Rodríguez dos partes. Una, la que se refiere a lo que Borges llamaba el pasado ilusorio: el mundo de las orillas, el de los taitas y malevos, las paicas y las grelas; otra, la que describe la progresiva afirmación de la pequeña clase media, que encontraría su voz escénica en Mertens y Laferrère y su voz pública en Yrigoyen. La primer parte, como para marcar la diferencia, se dice en verso; la segunda discurre en prosa, en el habla común que ha llegado a nuestros días. La diferencia tiene su importancia, porque los fragmentos en verso no sólo suenan extraños a los oídos de los espectadores de hoy, sino que tampoco suenan fáciles en boca de los actores, y creemos que la tradición del buen decir del teatro en verso, que casi como un milagro se mantiene en las mejores actrices de la Comedia Nacional (Estela Medina, Gloria Demassi) está perdida o a punto de perderse.

La vida de nuestras ciudades a comienzos del siglo XX no nos llegó. Rodríguez trató de acercárnosla con un comienzo a lo Pirandello, donde los actores aparecen como tales y discuten sobre la hora de empezar la pieza; pero no bien comienza la acción, y como si hubiera que subrayar aquel distanciamiento y aquella lejanía con las fuentes, Rodríguez marcó una dicción en falsete muy acusada que socavó todo el efecto naturalista que el texto, el decorado y el vestuario sugerían; poco a poco la acción comenzó a perder pie, y ya en medio del discurso del orador callejero el espectador no sabía bien dónde estaba. La obra, que pasaba mostrando las suturas de un episodio al otro, derivó rápidamente hacia formas grotescas, como las que suele mostrar el teatro de Roberto Cossa: ya estaba muy lejos de los romances del comienzo y del patio del conventillo, pero no pudo llegar a nuestras almas.

ENTRE MALEVOS, PAICAS Y VIVILLOS, SE ARMO BAILE EN EL CONVENTILLO, de Carlos Rodríguez, por el grupo teatral A Proscenio. Con Gabriela Murdocco, Gabriela Quartino, María José Palomeque, Fernando Amaral, Santiago Mallada y Carlos Torrado. Escenografía de Carlos Lois, vestuario de Gabriela Quartino, iluminación de Haydée Chocca, asistente de dirección Federico Rodríguez, dirección general de Carlos Rodríguez. En El Tinglado, Colonia No. 2035 Tel. 408 53 62.

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