"EL EJECUTOR", DE KOLTES, EN EL TEATRO FLORENCIO SANCHEZ

En la soledad de los campos de Koltès

Una pieza de Koltès debe ser siempre bienvenida en nuestras carteleras. Hay en «El ejecutor: de noche justo antes de los bosques», los esplendores verbales del autor, hasta su ampulosidad que roza la retórica, visible ya en el considerable título; hay también una voz, que reconocemos de inmediato, angustiada y febril, que busca un eco, una mano amiga aunque fuere anónima, una compañía cualquiera, así sea al precio de padecer un delito.

Por momentos nos sentimos superados por los grandes párrafos del autor, que se alzan, rompen y caen como las olas del océano, como una cascada que fluye sin parar; a veces no lo entendemos, otras veces nos resistimos a entenderlo, a oír una voz que nos acusa, una y otra vez, de indiferencia y desamor.

Pero en todo ese discurso no hay, pese a la derelicción del protagonista, derrota o desesperación: la virtud cardinal de Koltès es la esperanza, esa palabra para la que el idioma francés tiene un vocablo inolvidable, que se dice como un suspiro: «l’espoir». En este aspecto tiene Koltès algo de otro escritor, también solitario y secretamente esperanzado en medio del dolor, Louis Ferdinand Céline.

La acción se desarrolla al fondo del escenario del teatro Florencio Sánchez, donde también están, muy próximos, los espectadores. Unas paredes sucias de graffiti, casilleros con botellas vacías, ruidos lejanos que no dicen su nombre: un escenario para el crimen o el suicidio, posiblemente para ambas cosas.

Allí se desarrolla un segundo viaje al fin de la noche, poblado de prostitutas, asaltantes y marginales. El único y muy difícil personaje está magistralmente interpretado por César Troncoso, quien recrea un universo de seres caídos y golpeados. Su voz tiene algo de incantación, de hechizo, de hipnosis, de autosugestión: fluye con claridad y dibuja la confusión y el miedo, dice con expresión y tiembla de pena, afirma su luminosa búsqueda y trasmite la frustración. El actor se mira, mira a su mundo interior, no menos peligroso que el mundo exterior en donde lucha y se debate, nos mira a los ojos, nos integra a su misterio.

Debemos a María Dodera, como directora, el pleno goce de esta obra de Koltès. Ha sabido crear una atmósfera, ha sabido pintar un cuadro como para un Juicio Final de los bajos fondos; ha dotado de fibra dramática a un texto torrencial. *

EL EJECUTOR: DE NOCHE JUSTO ANTES DE LOS BOSQUES, de Bernard Marie Koltès, con actuación de César Troncoso. Escenografía e iluminación de Pablo Caballero, banda sonora de Daniel Spinetti, vestuario de Paula Villalba, dirección de María Dodera. En Teatro Florencio Sánchez, Grecia 3281, Villa del Cerro.

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