Las dulces cualidades del amor

De inmediato uno puede pregutarse qué hace Keanu Reeves protagonizando un filme del desarrollo de Dulce Noviembre. Su timing actoral o más bien expresivo casi no funciona en esta historia entre yuppie soberbio, exitoso (al que se lo conoce como Nelson Moss y todos le hacen reverencia) en el universo de la publicidad. Reeves está irreconocible, más plástico y plagado de tics en este relato amoroso con aura trágica y en donde, evidentemente, tomará la posta de este proyecto de inmensa actriz que viene a ser la freakie que compone Chralize Theron. La dupla actoral ya había trabajado en la estridente El abogado del diablo, pero en esta red argumental que comanda el cineasta Pat O’Connor, serám la Tehron, con sus rarezas cotidianas y su secreta enfermedad terminal la que se pondrá al hombro una historia de amor atípica precisamente por la atipicidad de sus reglas. Hay algunos momentos si se quiere felices, algunos diálogos de cierto volumen, pero todo se evapora en una saga de convencionalidades ciertamente intolerables. Reeves puede rendir como el personaje vertiginoso de filmes de alto voltaje como Break Point o The Matrix o en filmes independientes como My own private Idaho o Falling Minnesotta. En esta historia de amor no pasa nada. Keanu Reeves aparece frío, estático, mientras Charlize Tehron regala belleza, sensibilidad y capacidad histriónica. *

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