"SMAIL". OBRA PUESTA EN ESCENA EN EL TEATRO METRO

“Smail”: Pachano brilla en Montevideo

Creemos que el múltiple talento de Aníbal Pachano enfrenta un cruce de caminos. “Smail” es una revisión de sus anteriores musicales, desde “Botton tap” a “Dominó”, pasando por “Tangou”, “Smoke” y tantos otros hasta “Pour la gallery”; revisión y renovación permanente, que se indicaba en la distorsión deliberada de algunas palabras y mezcla de idiomas en los títulos, que siempre hace pensar.

Pero no solo ha reexaminado ahora Pachano su propio pasado: se ha medido con sus pares, con los que lo antecedieron en buenos y originales espectáculos de music hall, como Estela Raval, Valeria Lynch y María Elena Walsh; y aquí se coteja con el pasado artístico. Y como si esto fuera poco, Pachano ha pasado por experiencias inusuales y no menos cruciales. Una de ellas es la enfermedad del SIDA, a la que nombra, conjura y exorciza; una enfermedad que fuerza, al mostrar con viva luz un posible límite, un reexamen de la vida y sus posibilidades. Otra experiencia, no menos peligrosa, fue y es la notoriedad en la televisión, donde Pachano ha logrado proteger al artista que es bajo una construida apariencia, a veces humorística, por momentos payasesca, en ocasiones hosca e hipercrítica. En el jurado del programa “Bailando por un sueño” Pachano es como Elstir o el Dr. Cottard en el salón de Madame Verdurin (en “Por el camino de Swann” de Proust): la personalidad que aparece es un papel, una creación de arte dramático. Y así como Elstir se revela al Narrador, no en sus intervenciones en el salón, sino en su atelier de Balbec, a Pachano hay que buscarlo en su viaje a New York para elegir y comprar las telas del vestuario de “Smail”, en su compulsión por los detalles perfectos, en volver a bailar como nunca, en la idea de un “music hall” ideal y perfecto, siempre renovado. Y al nuevo Pachano lo aguardamos con fe y esperanza, renacido después de los días o meses sabáticos que proyecta ahora y que realizará si las giras y los contratos no crean obstáculos a esa nueva transfiguración, para la cual siempre habrá algo que debe sacrificarse.

Por ahora, resumen, examen de conciencia, síntesis de una vida de artista o testamento, “Smail” es un espectáculo donde Pachano está, como siempre, en su mejor nivel. No tiene el impacto de novedad de “Botton Tap”, pero varios aspectos apuntan a un renovado futuro que se presiente. Algunos de los números son conocidos, pero no están presentados en la misma forma que antes; los bailarines y la coreografía son tan protagónicos como impecables, pero las melodías y sus alusiones, entre tiernas y cómicas, también reivindican sus fueros; y por ejemplo, la asimilación de la habanera y el tango contiene una verdad histórica. En su conjunto “Smail” nos trae una gran brisa de música y plástica, siempre en movimiento, siempre nerviosa, viva, inquieta; y es una brisa placentera y siempre tonificante que tiene la virtud, o parece tenerla, de detener el tiempo en un instante de placer y alegría.

También debe haber sido un impacto, para lo mejor, en la vida artística de Pachano el espléndido florecimiento de su hija como cantante, bailarina y actriz. Sofía Pachano, como toda la obra del artista, es a la vez, su pasado, su presente v su futuro.

El éxito de público ha hecho que “Smail” sea presentada también, en dobles funciones los sábados y domingos, la semana entrante.

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