Museo Nacional de Artes Visuales

Cuarenta y ocho pinturas de la época virreinal boliviana

El retorno de los ángeles admite dos opciones para la comprensión y deleite del visitante. Por un lado, apoyándose en el erudito catálogo, leer los textos de los investigadores (José de Mesa, Teresa Gisbert, Edouard Pommier) que, de manera exhaustiva, escudriñan hasta el último detalle la iconografía y la iconología de las representaciones angélicas, así como las características históricas de la pintura virreinal boliviana, la influencia flamenca, española e italiana, las técnicas, estilos, escuelas y el elemento indígena en el arte colonial. Detenenerse cuidadosamente en esas páginas, así como en los comentarios de cada obra, es la forma más adecuada para entender una estética distante de la sensibilidad uruguaya que no tuvo esa herencia (ni la vivencia) religiosa en las representaciones pictóricas.

La otra opción, sin duda la más aceptable para el público, es dejarse llevar por esas imágenes curiosísimas de jovenzuelos militares disfrazados de ángeles o ángeles disfrazados de militares en ropajes barrocos y ondulantes elaborados con brocatos, encajes, plumas y moñas que descienden hasta los zapatos, poco aptos para una contienda. Ese acercamiento inmediato y con escasísimas referencias históricas a las 48 pinturas virreinales bolivianas, especialmente la serie de los ángeles arcabuceros, conquistan por la sencillez, frescura e ingenuidad, por la extravagancia fastuosa de los trajes, el atractivo cromatismo; incluso las ocasionales torpezas del dibujo, el artificio de las poses y el convencionalismo de las miradas en éxtasis (influencia del peor Guido Reni), admiten una benévola indulgencia.

Pero aun así conviene sacar provecho deteniéndose en las dos páginas del catálogo referidas a Donceles y soldados, y dar una vichada al irreverente e iluminador, brevísimo ensayo de Dominique Fernández, que ya supo interpretar con osadía a Miguel Angel.

Ahí, el notable novelista francés, recuerda la audacia de Caravaggio al romper con la asexualidad de los ángeles poniendo el acento en la sobrexualidad en la representación de San Mateo y el ángel, que desató una tormenta divina y la aparición de la primera censura artística. A partir de entonces la querella medieval acerca del sexo de los ángeles se decidió en favor de la androginia y las iglesias barrocas se «llenaron de ángeles que, en vez de entender su misión como una casta milicia del cielo, aprovecharon sus privilegios para vivir a fondo una ambigüedad prohibida a los humanos». Fernández se refiere a «una cultura angélica» de una originalidad absoluta la de la pintura virreinal boliviana y denomina un arte mestizo, cultura de encuentros y de cruces y le adjudica el mérito de rehabilitar la discusión sexual de los ángeles que, si en los tiempos de Caravaggio eran hombre y mujer al mismo tiempo, «el ángel andino está dividido entre la coqueta y el soldado», ahora convertidos no en andróginos sino en «verdaderos travestis», los dandys de la jerarquía eclesiástica.

Algunos cuadros son notables. Zadquiel, del Maestro de Calamarca, de la Iglesia de Calamarma de La Paz, posee la envolvencia típica de la gestualidad barroca, Letiel Dei y Gabriel Dei, del mismo autor y lugar, seducen de inmediato a pesar de cierta rigidez compositiva, de la misma manera que Asiei Timor Dei impresiona como uno de los logros mayores de la pintura virreinal del siglo XVII boliviano. Todavía quedan las escenas bíblicas, extensas narrativas que recuerdan, en su hieratismo, en la actitud procesional, el arte bizantino y los íconos, una asociación todavía no bien identificada pero que sería interesante profundizar. Aunque menos inspirados y originales que los ángeles arcabuceros, completan una exposición de altísimo interés.

La Unión Latina, de intervención destacada en la muestra de Pedro Figari en París (Pavillon des Arts, 1992), de enorme repercusión en la prensa francesa como ninguna otra exposición uruguaya la tuvo hasta ese momento (ni después), tiene algunas exposiciones pendientes desde la última visita del fallecido Philippe Rosillon, activísimo secretario de la institución. Elizabeth de Balanda, directora de Cultura y Comunicación de la Unión Latina, forma parte del comité de organización de El retorno de los ángeles y sin duda recordará que algunos artistas viajeros franceses del siglo XIX, en álbumes inéditos, esperan ser conocidos en Francia.

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