"Lo que vio el mayordomo" en El Galpón

En todo caso, no vio teatro

La única puesta en escena de Orton que nos mostró un dramaturgo superior fue "El rufián en la escalera", en el teatro El Vitral, en Buenos Aires, con dirección de nuestro compatriota Agustín Maggi.

Jueves 31 de mayo de 2001 | 12:00
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 <DT>Dardo Delgado y Mariella Fierro en "Lo que vio
el mayordomo".</DT>

Jorge Arias.

 

Las demás, como El botín (María Dodera) y esta de Omar Varela Lo que vio el mayordomo nos presentan un autor de escaso o nulo interés, que posiblemente no sea Orton sino el producto de “versiones” y direcciones. Desconocemos la obra original, pero creemos que, línea a línea, debe estar en la Sala Atahualpa lo que Orton escribió; pero si es posible recuperar el texto, no se encuentra al autor.

En realidad, no encontramos a ningún autor, a ninguna persona singular que se nos manifieste a través del arte teatral: Lo que vio el mayordomo, tal como se está representando, es un libreto del montón que desemboca casi a diario en los escenarios de la calle Corrientes.

Si la obra era una comedia, se la empleó como vaudeville; si desarrollaba humor negro, la vimos casi blanca. La actuación, por sobre todo, operó la trasmutación, y por momentos veíamos a Alberto Olmedo y hasta al “Manosanta” a través del personaje de Dardo Delgado. Fue suficiente un giro, un pellizco, un papirotazo y una obra es otra; una comedia brillante puede decaer a un libreto del “Nacional” o del “Maipo”.

La obra funciona con equívocos, pero creemos que juega o debe jugar con el papel definidor de la vestimenta, la dialéctica de la apariencia y su relación con la realidad, la presión de los otros sobre nuestro mundo interior, la presión de los cadáveres por salir de los roperos, la posibilidad de ser otro, las tentaciones fáusticas del travestismo. Los personajes, con la única excepción del Dr. Prentice y Nick, sufren las vicisitudes que les impone un frenético cambio de vestuario.

De aquí pudo y tal vez debió salir una comedia metafísica, un baile de máscaras que se desliza a danza macabra; pero la pieza zozobra en la superficie del tráfico de disparates, en las risas que arranca el encuentro de las personas inadecuadas en el lugar inadecuado y hasta con el traje inadecuado. En otras palabras, Feydeau, sin ese toque de locura que hace levantar vuelo a sus complicados artefactos combinatorios.

En Lo que vio el mayordomo, al cuarto o quinto cambio de trajes una insidiosa atmósfera de tedio comenzó a dominar la sala Atahualpa. Sin duda, nos hemos reído y ya sabemos que para muchos ése es el necesario y suficiente cartabón para valorar a una comedia; pero esas risas son risas miserables. Son las risas que convocaban Marrone, Olmedo, Porcel, las que puede producir Landriscina, las de Chaplin y sus tortas de crema en las solapas de un frac.

No vamos a discutir su insistido valor terapéutico; pero poco o nada hay más allá de las contracciones musculares que pueden suscitar las cosquillas, el “gas hilarante” o unos electrodos sabiamente conectados.

La comedia requiere que después de todos los enredos y su desenlace aparezca, en medio de la escena, elíptica pero presente, la luz fulgurante de una nueva ética.

El éxito comercial y de público nada significa; la exigencia de los estatutos de la Federación Uruguaya de Teatros Independientes de promover un “teatro de arte”, era una redundancia, hoy abiertamente incumplida.

No llegamos a saber qué fue lo que vio el mayordomo; pero, sea lo que fuere, no era teatro.

 

Lo que vio el mayordomo, de Joe Orton, por el teatro El Galpón, con Dardo Delgado, Mariella Fierro, Silvia García, Pierino Zorzini, Gustavo Alonso y Marcos Flack. Vestuario y escenografía de Nelson Mancebo, iluminación y dirección de Omar Varela. Estreno del 18 de mayo Teatro El Galpón, sala Atahualpa.

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