"Historias ajenas" de Donald Margulies, en el Teatro Alianza

La lección de la maestra

Tenemos la certeza de que Historias ajenas estará entre los mejores espectáculos teatrales de este año, porque por partes y en su conjunto lo tiene todo. Mariana Wainstein, creemos que en su mejor momento como directora, ha elegido esta vez la obra de un escritor con más de veinte años de dramaturgia, Donald Margulies (Brooklyn, 1954), que ganó los premios Evans Kingsley y Pulitzer del año 2000 por su obra dramática en general y en particular por su última comedia estrenada, Cenando con amigos.

Esta Historias ajenas se titula en su original «Collected Stories»; «collected» es la designación de las obras recolectadas o recogidas, en particular de cuentistas que han publicado su obra en revistas o diarios; suele designar también la colección de libros de poemas, «Collected poems». Naturalmente, significa también «historias recogidas» o recopiladas y es, en buena parte, de una historia oída y muy bien registrada que trata la obra.

Las protagonistas son una cuentista, ya mayor (Elena Zuasti) encargada de completar la enseñanza del arte de escribir a una prometedora escritora joven (Soledad Gilmet). Un primer tema, el conflicto de la educación, aparece allí: la relación dialéctica maestro-discípulo, fecunda en situaciones dramáticas desde Platón hasta Freud y su diván, pasando por Shaw, James, Ionesco y el «stage» de los abogados franceses, donde el maestro (o terapeuta) debe suscitar, provocar, despertar y orientar al alumno (o paciente) pero no sustituirlo ni mucho menos decirle qué debe hacer, y donde el discípulo, a menudo deslumbrado por el maestro, debe luchar activamente por su desarrollo autónomo y hasta por su propia, necesaria y a veces dolorosa independencia.

Pero las cosas no son tan simples como un curso o una lección: nace una relación, las escritoras se hacen amigas y, luego de un claro bloqueo inicial, la mayor revela su romance con el poeta bohemio, mujeriego y alcohólico Delmore Schwartz (1913-1966); la discípula, más tarde convierte este fragmento, todavía vivo en la memoria de su amiga, en una novela. ¿Significó esto una traición o antes bien el secreto cumplimiento de un mandato tácito? El artista ¿puede emplear, sin más, con tal de no dar nombres, las confidencias que recibe para su creación? Y todavía, esta indiscreción por el arte, ¿terminará con la amistad de ambas mujeres? ¿No es también cuestionable la utilización de la vida del mismo Schwartz, hecha por el Premio Nobel Saúl Bellow? Margulies, con una sutileza admirable, logra hacer crecer el drama a través de significativos diálogos donde de paso, y brillantemente, se dice y aun analiza qué es escribir bien, qué es ser un escritor y hasta qué es la amistad; y, de paso, como un telón de fondo, nos hace vivir el ambiente artístico del Greenwich Village de Nueva York, a mediados del siglo XX.

La directora Mariana Wainstein ha logrado una perfecta realización de la obra. Ha desdeñado todo efecto y se ha centrado en un difícil juego entre interior y exterior, apoyándose en el drama que crece en las almas de las escritoras más que en las palabras explícitas; vemos y oímos el drama desde su nacimiento y a través de todo el desarrollo de la trama, y, quizás por la destreza de Margulies, lo vemos hasta con mayor consciencia y claridad que sus protagonistas. La interpretación es un triunfo de la directora y de ambas actrices, que, como en un segundo plano, no pueden sino aludir, con su diferencia de edades, al drama que representan. Elena Zuasti, definitivamente una de nuestras grandes actrices, encarna desde adentro y con tanta fuerza como sobriedad a su escritora mayor, que contempla desde su perspectiva otoñal su fantástica vida con conmovedor coraje, perenne lucidez y una sombra de desencanto. Soledad Gilmet, como la escritora joven, es, como su personaje, mucho más que una gran promesa: es una muy grata realidad para el arte teatral de nuestro medio de la que esperamos lo mejor.

 

Historias ajenas, de Donald Margulies, con Elena Zuasti y Soledad Gilmet. Escenografía y vestuario de Raúl Acosta, iluminación de Eduardo Guerrero, dirección general de Mariana Wainstein. Estreno del 15 de mayo de 2001, Teatro Alianza.

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