Sigue la muestra de Raoul Hausmann

La dialéctica de la forma en la fotografía

Es necesario señalar una ley aún no descubierta por la ciencia: los límites de la compensación –históricamente variable– de las deficiencias orgánicas del hombre frente a los mundos animal y vegetal transcurren dentro de la superestructura técnica y artística.

Considerados dialécticamente, los períodos revolucionarios en el arte, la técnica y la sociología se complementan recíprocamente. En este contexto, un nuevo punto de vista óptico gana en importancia en la fotografía para la transformación de la percepción social.

Sólo la cuidadosa selección de los pares contrastantes –forma interna y externa, claro y oscuro– es capaz de convertir la fotografía de una técnica imitativa o, en el mejor de los casos, documental, en un medio creativo de expresión. El primer par contrastante de la representación lo constituyen el punto de vista y las masas por representar. Por masas debemos entender las formas básicas más sencillas de los cuerpos que se encuentran en la naturaleza. Estas masas pueden tomar las más diversas posiciones en el espacio en relación unas con otras. Siempre se ha afirmado que el ojo humano ve a todos los objetos con la misma profundidad de campo atrás de y uno junto a otro, mientras que el lente fotográfico estaría limitado a ciertas zonas de nitidez. En realidad, el ojo humano mira una serie de puntos focales, alrededor de los cuales todo carece de nitidez; la aparente definición de todas las partes del espacio se produce sólo por medio de la conciencia, es decir, de la imaginación. Al asumir diferentes puntos de vista, funciona una perspectiva totalmente diferente a la acostumbrada. El espacio que vemos no se extiende ante nosotros en línea recta, disminuyendo progresivamente con la cuadratura de la distancia hacia un punto de fuga. De acuerdo con nuestros órganos de la visión, miramos una combinación de dos hemisferios que se superponen y que, en su interacción, tienden a producir límites más o menos elipsoidales dependiendo de la posición de los órganos de la vista en la cabeza. Todas las líneas dentro de los mismos sólo aparentemente tienen una trayectoria recta, pero en realidad miramos en líneas curvas. Sin embargo, estas curvaturas son tan mínimas que prácticamente aparecen rectas, pero para nuestra visión viva –que trabaja en un contínuo despalzamiento de aquí para allá, selecionando o reprimiendo masas, direcciones, luz y oscuridad– son muy importantes.

Si se toman secciones del campo visual y se les observa particularmente, se nota una aparente curvatura de la superficie hasta aproximadamente el segundo tercio inferior del campo visual, no es sino en el último tercio que se muestra al ojo una dirección más horizontal de este plano.

Esto proviene de que, dentro de la esfera de nuestro campo visual, desplazamos el punto focal hacia el tercio central superior y, por tanto, le damos «dirección» a nuestra mirada. Se sabe por experimentos que al observar una superficie, por ejemplo, un cartel, nuestra vista se dirige involuntariamente hacia la esquina superior izquierda, aparentemente porque nos hemos acostumbrado a esta orientación por medio de la lectura.

Por ello para las personas que no están ópticamente orientadas, resulta difícil la «lectura» de una foto que muestra otra forma de atraer la mirada. En un espacio abierto, la visión circular orientadora siempre corresponderá a nuestro punto de vista orgánico que, al mirar activamente a la derecha o a la izquierda, es fácilmente desplazado hacia uno de estos lados.

Para configurar una foto de manera que se pueda ver «correctamente» tomando en cuenta estos hechos, es necesario acentuar los contrastes esenciales de tal manera que, por ejemplo, al elegir líneas que se desploman, no coloquemos arbitrariamente el marco fotográfico de manera oblícua, sino que tengamos que apoyar y que acentuar la inclinación de nuestro eje visual mirando hacia arriba, hacia abajo o hacia los lados y desplazando las masas y los puntos de vista en el marco de nuestra reproducción.

El otro par de contrastes de la representación lo constituyen las diferencias internas de las formas, los detalles que las caracterizan. Los contrastes más sencillos de este tipo son estructuras, texturas como rugoso o liso, hojas de contraste con arena, etc. Pero también para un rostro son necesarios los contrastes formales.

El rostro, como la forma de expresión más individual, debe construirse sobre las formas de los órganos sensoriales, que se expresan del modo más elocuente en los ojos, nariz, boca y oreja.

La frente, las mejillas, la barbilla son de un tipo más supraindividual, que es característico de las masas craneanas, que dicen más sobre la clase o la raza que sobre el individuo y, por tanto, no siempre son importantes para el «retrato». La forma en que la cabeza es «cortada» y colocada en el espacio de la foto es de importancia decisiva en relación con el equilibrio o los contastes entre la «distribución de los pesos» de las masas y su disposición y formación específicas de los órganos sensoriales característicos. Un retrato sólo por el retrato mismo, en el sentido acostumbrado, no es una labor óptico-fotográfica.

Todavía hay tiempo para ver la muestra de Raoul Hausmann en el subte de la plaza Fabini.

Se trata de uno de los pioneros de la fotografía artística, integrante del grupo dada alemán al terminar la Primera Guerra Mundial, fue inventor de numerosas técnicas y teórico de la fotografía. transcribimos aquí uno de sus artículos.

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