Valencia: nueva bienal del Mediterráneo
Cuando se anunció, hace más de un año, en la misma ciudad de Valencia, que se realizaría una bienal internacional de arte, el escepticismo invadió a los críticos presentes de varios países. Los planes parecían ambiciosos y competían con otras más famosas, además de superponerse a proyectos paralelos. Con sensatez, los reponsables dejaron de lado estos últimos y se concentraron en el diseño de una bienal innovadora, original, acorde con la multiplicidad de lenguajes de la sociedad actual. Y si hay una idea central y una orientación artística, aparecen distribuidas entre siete personalidades provenientes de diferentes países y de múltiples áreas de la cultura para asumir el encargo de instrumentar la complejidad del singular acontecimiento valenciano.
La originalidad comienza por el logotipo. El diseñador Pierluigi Cerri eligió las alas del murciélago para trasmitir la idea de vitalidad, onirismo, búsqueda, nocturnidad, fantasía y «una transgresiva modernidad». Al mismo tiempo, es un murciélago cromático, sus alas reflejan los colores de la paleta de un artista. «Es, afirmó Cerri, como si nuestro murciélago, negro por fuera, como todos, revelara de repente un interior de alegría, de sorpresa, de comunicación».
El tema es otra provocación seductora: Las pasiones. Un recorrido por los vicios y virtudes humanas (los sierte pecados capitales) interpretados por los protagonistas de la creación actual. El italiano Luigi Settembrini es el autor del proyecto global de la Bienal de Valencia, con amplia experiencia en el campo de la publicidad, el city-marketing y la realización de muestras internacionales de moda. Pensó en proyectos que en su totalidad fueran site-specific, que sólo se podrán ver allí. La idea es cruzar los lenguajes de la cultura actual.
Lo acompaña Franco Laera, director artístico, y siete curadores-pecadores de prestigio internacional con siete proyectos en siete lugares diferentes:
En el Almudín (del árabe, almud, casa-almacén) un antiguo y hermoso granero del siglo XVI, el director de cine Emir Kusturica (Tiempo de gitanos, Underground) presentará cada día una instalación multimedias con el nombre Los cuatro jinetes, del Apocalipsis, claro.
En las Atarazanas o antiguos astilleros valencianos, el director teatral Robert Wilson participará con Russian madness, que combina su trabajo con el de artistas rusos.
El cineasta inglés Peter Greenaway (El vientre del arquitecto), y el crítico italiano Achille Bonito Oliva, coordinan Cuerpo & Pecado, reuniendo cien creadores internacionales (algunos nombres: Vanessa Beecroft, Richard Billingham, Cecilly Brown, Günther Förg, Sylvie Fleury, Mike Kelley, William Kentridge, Cildo Meireles, Tracey Moffat, Shirin Neshat, Nam June Paik, Cai Guo-Qiang, Chen Zen, Franz West, Douglas Gordon, Andreas Gursky, Mona Hatoum, Christo & Jeanne-Claude, Christian Marclay) en el Convento del Carmen y en el Museo del siglo XIX. El grupo de teatro catalán La Fura dels Baus y Lida Castelli (videasta) pergeñaron La navaja en el ojo, al inaugurar la Ciudad de las Artes del arquitecto Santiago Calatrava, responsable de la escenografía de Las troyanas, dirigida por Irene Papas. Con conocidos diseñadores de moda, el músico y manipulador tecnológico Robin Rimbaud (Scanner) y Cristiana Parella (responsable de la Academia Británica en Roma) darán a conocer una instalación-experimento llamada El espíritu de la palabra.
El japonés Shiro Takatani dirige a su grupo interdisciplinario Dump Type en Las noches del bien y del mal, en el Tinglado 2 del puerto de Valencia.
El historiador de arte David Pérez organiza Líneas de fuga con artistas jóvenes valencianos en el Jardín Botánico.
El Droog Design, un equipo de Amsterdam, está encargado de un carruaje y sala de proyección de video, que cada noche exhibirá en calles y plazas películas y vídeos de 123 creadores, llamando la atención hacia la bienal.
Por último El mundo nuevo, creado por KwArt para la bienal, ofrecerá a través de Internet una visión del panorama Web Art mediante 30 obras expresamente realizadas para la ocasión. Nadie quedará desinformado.
Esta múltiple y espectacular Bienal valenciana viene siendo difundida por varias ciudades españolas y del exterior (Nueva York, Atenas, hay un grueso dossier de prensa magníficamente impreso) por la infatigable y vital Consuelo Císcar, directora general de Promoción Cultural y Patrimonio Artístico, una personalidad que puso en órbita planetaria la cultura de Valencia.
Tiene un presupuesto de más de cuatro millones de dólares (Venecia el doble, la Documenta el triple) y las cuentas parecen cerrar, por ahora, correctamente.
Con la arquitectura de Calatrava repartida por la ciudad (se inaugurará una muestra de esculturas y dibujos del célebre arquitecto en el IVAM, paralelamente a la bienal), Valencia se convertirá en el centro de atracción cultural del verano europeo y amenaza con eclipsar, por su dinamismo, a la centenaria bienal de Venecia. Ambas inaugurarán el mismo día, el 10 de junio.
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