La condición humana
Luego de filmar La lista Schindler, Steven Spielberg impulsó la creación de una Fundación Shoah –palabra hebrea con la que se llama al genocidio de judíos por el nazismo–, que produjo este filme.
Hungría había sido parte principal del refinado Imperio Austríaco hasta la Primera Guerra Mundial y después de una breve república soviética, tuvo un gobierno de extrema derecha aliado a Alemania que sin embargo no incluía en su ideología la persecución de las minorías. A comienzo de 1944, cuando la derrota ya era un hecho, el ejército alemán ingresó al país y si fijó como prioridad el exterminio de los judíos. Decenas de miles fueron deportados, en un plazo breve. Llama la atención este esfuerzo, cuando en el frente ruso faltaba todo.
¿Cómo se cuenta eso? ¿Cómo hacer ‘otra’ película sobre los nazis? Moll halló a cinco ciudadanos norteamericanos que habían vivido y sobrevivido eso: Tom Lantos, Alice Lok Cahana, Renée Firestone, Bill Bash e Irene Zisblatt: una abuela, una maestra, un hombre de negocios, una artista y un senador de los EEUU. Nacieron en una aldea de los Cárpatos, en otra cerca de la frontera austríaca o en la cosmopolita Budapest.
Moll va intercalando sus testimonios y los de otros testigos o historiadores y documentos de época, para ir dando cuadros completos de cada etapa: la situación anterior, los primeros síntomas, las deportaciones, la vida y muerte en los campos, la liberación. Termina acompañándolos a los campos y sus lugares natales, y luego mostrando su vida y familia actual.
Es cierto que la película incluye música de Hans Zimmer, pero no utiliza más recursos sentimentales. No cae en esa fea tentación. En un momento, una de las testigos se emociona, le brotan las lágrimas y dice «no puedo hacer esto» al tiempo que se contiene casi avergonzada. Pero la cámara de Harris Done queda quieta, sin agregar nada más que su observación.
Esa falta de efectos «cinematográficos» crea un distanciamiento que permite aprehender la situación con los ojos –la cotidianidad– de quienes la vivieron. Lo que no es frialdad: uno puede emocionarse ante el recuerdo de una celebración religiosa en los retretes del campo.
Uno de los entrevistados es un médico que hacía experimentos humanos, que después de la guerra fue absuelto porque dijo que prolongaba los experimentos para evitar que las víctimas fueran asesinadas. Una de las protagonistas va con el equipo y la ficha médica de su hermana para saber qué le hicieron. El médico no explica mucho, provocando –en un marco de la mayor buena educación–, una de las escenas más violentas que el cine haya registrado.
El domingo se realizó una marcha del silencio en 18 de Julio. Salvando las distancias –de kilómetros, de maquinaria exterminadora–, Los últimos días también habla de nosotros. Pero incluso si aquí no hubiera habido una dictadura, habla de nosotros: los seres humanos.
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