13 Días, de Roger Donaldson

Aquella crisis de los misiles

Raúl Forlán Lamarque

 

Kevin Costner busca denodadamente recuperarse de sus sistemáticos y últimos fracasos (los más resonantes han sido títulos como Waterworld y El mensajero) y, ya lejos de las asociaciones conflictivas con el cineasta Kevin Reynolds, parece adentrarse en tópicos que otrora lo posicionaron en un sitio de privilegio.

Dado que uno de los momentos cumbre de su trayectoria ha sido su performance en JFK, el imponente fresco histórico de Oliver Stone acerca de los pormenores del asesinato de John Kennedy y toda la teoría de la conspiración que se tejió alrededor en las altas esferas del poder, Costner debió plantearse que allí poseía una superficie de gestión que factiblemente le devolvería a su mejor forma.

13 Días ubica su red argumental en el transcurso de la Presidencia de Kennedy (Bruce Greenwood), más precisamente en el tramo que en la perspectiva histórica reconocemos como la «crisis de los misiles», cuando en 1963 la Unión Soviética colocó plataformas de lanzamiento de misiles en la Cuba de Fidel Castro.

El filme describe, con inocultable barniz patriótico, aquellos días en que el presidente Kennedy, su hermano Bob (Steven Culp) y su grupo de asesores, uno de ellos interpretado por Costner (Ken O’Donnell), debieron soportar las tensiones de tener que decidir el modus operandi a fijar ante una situación de alerta del «enemigo».

El guión y el propio desarrollo de la acción dramática rescatan a un nivel protagónico a un personaje históricamente oscuro como el de Costner, acaso un asesor de menor espesor que el que la concatenación de los hechos marca y demarca.

El Kennedy de 13 Días es un personaje sujeto a presiones y a tremendas hesitaciones, prácticamente un individuo acorralado por la insistencia de los militares y de la CIA en no demorar un instante un ataque frontal a Cuba y, de ese modo, destruir el escenario donde se han depositado estratégicamente las plataformas y su correspondiente armamento.

El título posee méritos en la escenificación de los debates internos, los puntos de vista diferentes echados sobre las mesas de discusión, y hasta los meetings entre los Kennedy y el personaje de Costner, quien están en contra de un ataque porque el fracaso de Bahía de Cochinos está presente en su memoria y porque, necesariamente, una acción de carácter bélica tendría consecuencias de confrontación mucho mayores.

Sin embargo, el filme no sale de esa Casa Blanca, donde la duda mueve las piezas en el tablero y se busca cómo se podía desplegar el poder frente a un acto calificado de emergencia nacional. Implícitamente se delata también que el presidente Kennedy ya tenía problemas decisivos en relación con quienes un año más tarde, según la teoría de varios historiadores y del filme de Oliver Stone, lo llevarían –conspiración mediante– a un final fatídico en su visita a Dallas. La historia no va más allá de tales propósitos: recrear aquellos días de una crisis que se vivenció con un sin aliento que poco a poco se fue diluyendo hasta el punto en que Kruschev decidió retirar el armamento militar de la isla castrista.

13 Días es un filme menor hecho con la corrección artesanal del caso, pero sin ningún vuelo ni mucha hondura en términos de investigación histórica. Donaldson recorre rostros y dichos de una historia que en el filme no hace historia. Costner está casi pintado, pese a todos sus esfuerzos interpretativos.

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