De película
En publicaciones argentinas se le atribuye, quizá con exageración, ser el «descubridor» de Ingmar Bergman y hasta de Akira Kurosawa. Es que las películas de esos y otros autores se veían en los festivales de Punta del Este antes que fueran consagrados y eran objeto de sólidos y extensos análisis en la prensa uruguaya, y ahí estaba Alsina.
Luego de veinte libros, uno enciclopédico sobre la censura, otros más jugetones con «datos inútiles», acaba de editar Historias de películas, recopilación de dieciséis artículos sobre la producción de otras tantos clásicos, desde El nacimiento de una nación (D. W. Griffith, 1914) a Busco mi destino (HD. Hopper y P. Fonda, 1969).
Si hubiera un tema central en este libro sería el cuestionamiento de la doctrina francesa del cine de autor, que lo identifica con el director. «Un crítico independiente debería negarse a vestir ese chaleco de fuerza, porque un criterio esquemático, basado solamente en directores, no le dará una visión del cine real» (Pág. 11). Más contundente, al hablar de Lo que el viento se llevó (Víctor Fleming, 1939), dice: «Con el tiempo, la película demostró que el invento francés de una Teoría del Autor Cinematográfico sería más correcta si advirtiera que en muchos casos ese autor es el productor» (Pág. 80).
Aunque, detrás de esto, está presente su vieja preocupación por la censura. No tanto de la moral o política, sino de la ejercida por intromisión de los productores en la obra de los artistas.
Pero incluso, esta relación difícil está vista con serenidad, como cuando comprende la reducción de Avaricia (E. von Stroheim, 1923) de 8 a dos horas y media (no así que hayan tirado el material no utilizado). O incluso habla de casos en que el productor salvó empresas «malditas» como Busco mi destino.
Aparte de eso, y de la obsesiva exactitud de los datos que es su sello, no hay otros elementos comunes entre las notas. Uno lee, por ejemplo, que el primer libro sobre Casablanca apareció en 1973 y puede creerlo. Otras cosas son opiniones y hay alguna abusiva, como endilgar a «los hippies» el asesinato de Sharon Tate por un grupo de fanáticos religiosos (Pág. 170). Algunas notas fueron motivadas por libros de reciente aparición, otras por la revisión de las películas en video. Esto hace que sobre algunas películas se interese más por contar algún aspecto y sobre otras algún otro. Peor, el hecho de ser una recopilación lleva consigo alguna reiteración (hay hasta un chiste repetido sobre el título de la autobiografía de Chaplin (Págs. 40 y 93). Por lo demás, Alsina escribe con estilo ameno sólo afeado por frecuentes leísmos.
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