De Milán a Barcelona
Luego de Pepita la pistolera, Flores Silva encontró en el libro El huevo de la serpiente de María Urruzola el tema para su siguiente película. El título no lo podía usar, porque era tomado de un filme de Ingmar Bergman.
El libro resume una investigación periodística sobre la trata de uruguayas a Milán y en especial el caso de una mujer que se libró de la situación y denunció a sus explotadores a la justicia italiana. Los procedimientos judiciales ni aquí ni allá llegaron nunca al fondo, según la periodista.
La directora elaboró un guión con el que ganó un subsidio del INA y la IMM y que fue seleccionado por el instituto Sundance para una revisión general. Cada uno de estos pasos y los subsiguientes fueron consiguiendo credibilidad para nuevos apoyos y fueron produciendo revisiones en el guión, que fue finalmente reescrito por el húngaro János Kovácsi
La película se centra en Elisa (Mariana Santangelo) que abandona con sus hijos la su casa de su madre confiada en un amante casado. Termina con su amiga (Andrea Fantoni), soñando con poner una peluquería, para la que le faltan unos pesos.
Para lograrlos –y sólo para eso–, Elisa se prostituye. Líos con la policía y vislumbre de mejores oportunidades la acercan a El Cara (Silvestre), un fiolo que la llevará –en la película– a Barcelona. Allí vive un lento sumergirse en el infierno sin que Elisa pierda su sueño de la gran peluquería: sus ganas de vivir.
Flores Silva se destaca en la dirección de actores, que en este caso incluyen a Martha Gularte y figuras conocidas de nuestro teatro.
Por lo demás, la película no tiene fallas. Se destaca la fotografía del venezolano Francisco Gozón y la iluminación de Fernando Olivet, para lograr una calidad de imagen que es realzada por la música de bandoneón de Jorge da Silveira.
Vaya sin miedo.
Compartí tu opinión con toda la comunidad