Los músicos se presentaron a ensayar sin instrumentos

Peligra Aída

En la última Rendición de Cuentas los ingresos por proventos (ventas de entradas) fueron integradas al sueldo básico, pero con una rebaja de un 30% equivalente a unos $ 2.500.

Los músicos de la Orquesta Sinfónica del Sodre vienen proponiendo desde diciembre que esa diferencia sea compensada por una prima por el uso de instrumentos propios. Al no haber obtenido respuesta, ayer adoptaron la medida de presentarse al ensayo sin los instrumentos.

El presidente del instituto, Roberto Falco, se apersonó en la asamblea para dialogar, pero en resumen dijo que no tiene potestades para acceder a lo solicitado, por lo que la medida será mantenida y hoy tampoco estarán los instrumentos.

Aída

El nuevo complejo de espectáculos del Sodre totalizará un área de 25 mil metros cuadrados que incluye tres salas, camarines, salas de ensayo, talleres y servicios. Todas las instalaciones contarán con diseño y tecnologías de última generación.

La obra ha venido avanzando muy lentamente por falta de fondos. Antes de las elecciones se estrenó una salita en el subsuelo, a la que había que acceder cruzando la obra en construcción. Ahí tocará el sábado el Conjunto de Cámara del instituto.

Ahora se preestrenará la sala mayor con una obra mayor, Aída, de Giussepe Verdi, sobre guión de Antonio Ghislanzoni, conmemorando el centenario de la muerte del compositor.

Como director invitado actuará Federico García Vigil y el italiano Stefano Poda como director escénico, escenógrafo, vestuarista, iluminador y coreógrafo.

El elenco está integrado, entre otros, por los barítonos Juan Carlos Gebelin y Federico Sanguinetti, las sopranos Rita Contino y Cecilia Latorre, los bajos Roberto Nalerio y Ariel Cazes y las mezzosopranos Sylvia Carbacho y Raquel Pierotti.

Problemas varios

Falco ha declarado que con este megaespectáculo pretende que el Sodre «vuelva a existir». El término vale tanto para el público como para los políticos que votan los fondos.

En verdad, el emprendimiento no se explica por razones estéticas, sólo por una motivación política como la mencionada.

Fuentes del instituto estiman la inversión total para el espectáculo en US$ 280 mil. Esto superaría lo invertido en las temporadas completas de conciertos de 1999 y 2000, incluyendo la contratación de directores y solistas invitados y la puesta en escena de El murciélago de Ricardo Strauss en la Estación Central. Poda cobraría unos 26 mil dólares y García Vigil, 10 mil. Los eventuales ingresos por sponsores no quedarían para el instituto, sino que van a Rentas Generales, según las fuentes.

La sala no sólo no está terminada, sino que el techo tiene el zinc a la vista, por lo que la acústica no puede garantizarse. Para instalar sillas se está fabricando una cara estructura para eliminar la inclinación de la platea y se llamó a licitación para la compra de almohadones que sustituirán a las sillas en los palcos. Todas inversiones a pérdida. Estos gastos absorben posibles ahorros en la escenografía: una capa de arena que imita al desierto egipcio. De hecho la idea no ha estado resultando: la arena cae al foso de la orquesta cuando actúan los bailarines. Y el Cuerpo de Baile ha decidido dejar de ensayar ahí porque la arena húmeda no resulta saludable.

Los integrantes del coro se tapan la boca cuando no les toca cantar, por el frío. En momentos en que la orquesta debía ensayar ayer, aturdían los ruidos de la obra y caían chispas de las soldaduras que se realizaban en el techo. Los músicos no se sacaban el abrigo.

Por otra parte, la sala no parece contar con habilitación municipal. Falco anunció que Bomberos haría una inspección. En el hall de acceso, al ir hacia la sala, hay un cartel que dice: «A partir de este lugar es peligroso pasar sin casco».

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