Criatura de la noche, una joya, una obra mayor del vampirismo
Es que el filme sueco»Criatura de la noche», sin dejar de ser una realización de corte gótico, se desprende ampliamente de los parámetros convencionales para reinventar un estilo de fábula tenebrosa como en su momento hiciera «El laberinto del fauno». A modo de anécdota cabe señalar que el guión parte de una novela, mucho más sombría que su traslación cinematográfica, titulada «Deja entrar a la persona correcta» porque, según la leyenda, un vampiro no puede entrar a la casa de su víctima si esta no lo invita a pasar. Más allá de este detalle, la versión de la pantalla grande dirigida por el sueco Tomas Alfredson ofrece otro tipo de sombras inquietantes enmarcadas en un suburbio nevado donde el rojo sangre golpea con mayor fuerza. En la historia, un pre-adolescente es acosado permanentemente por sus compañeros de clase mientras imagina revanchas ficticias como superhéroe vengador bastante improbable. La acción está ubicada en un barrio de Estocolmo donde llega cierta niña, un poco extraña, que pasa a entablar una particular relación con este torturado jovencito al que ayuda no solo a re-descubrirse en todo su potencial sino concretando la justicia que corresponde. A diferencia de otros filmes que redundan en obvias aclaraciones, (o bodrios como «Crepúsculo», con el que conecta ciertos nexos argumentales respecto a la relación de mortal con un ser de ultratumba) la propuesta de Alfredson no explica prácticamente nada sobre posibles identidades o características de esta muchachita que no parece sufrir las gélidas inclemencias del tiempo, deambulando de cuerpito gentil por ese mundo de postal navideña. Por el contrario, los diálogos imponen una mesura que no deja de ser sugestiva y se refuerza por la generación de una atmósfera excelentemente recreada a nivel fotográfico (entre los múltiples premios que obtuvo el largometraje, también figura el de Mejor Fotografía en varios festivales), componente nada menor que marca distancias al internar al auditorio en un mundo de desacomodadora rareza. Esa incomodidad también resulta fascinante -como estar frente al encantador de serpientes- y permite que el público vaya procesando el pasaje de la supuesta realidad «normal» hacia un territorio de vigilia intermitente que, por momentos, cae en picada hacia la pesadilla. Todo esto, sin embargo, se decanta de manera intangible, como si la platea entrara en trance, y los sucesos parecieran «normales» en medio de un desarrollo que, a medida que avanza la proyección, va consolidando su carácter onírico. Es que, como en otros filmes atendibles («Actividad paranormal», por ejemplo), lo que se sugiere alcanza mayor impacto que lo se visualiza y, en este sentido, esta «criatura» del celuloide logra escenas memorables (la de la piscina es un clara demostración) donde lo poco que se muestra adquiere mayúscula tensión gracias a una magistral pericia narrativa y admirable sentido estético directriz. Al igual que viene ocurriendo con la realización audiovisual de otras latitudes (como el cine asiático, a modo de comparación), Suecia también viene dando bastante que hablar (recordemos el thriller «Los hombres que no amaban a las mujeres» de Niels Arden Oplev). Son nuevas, distintas y bienvenidas miradas que suman para el buen cine. Enhorabuena.
«Criatura de la noche». (Låt den rätte komma in; Suecia; 2008). Dirección: Tomas Alfredson. Guión: John Ajvide Lindqvist sobre su propia novela «Deja entrar al correcto». Con Kare Hedebrant y Lina Leandersson.
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