Goodbye Solo. El sabor de las cerezas

Viaje al éxtasis de la montaña

Este largometraje también ha tenido distinciones internacionales ­como el Premio de la Crítica en el Festival de Venecia, por ejemplo­ que han reconocido la intensidad minimalista de un relato tan poético como austero.

Una austeridad que, desde el vamos, marca el planteo argumental en las cinco primeras líneas de diálogo para elevarse, progresivamente, hacia un emotivo análisis de la conducta humana y sus matices.

En esa línea de moderación, el director Bahrani se exige la máxima sobriedad para confrontar los caracteres de dos personajes absolutamente disímiles, sin caer en el melodrama.

Detrás de ese retrato descarnadamente realista, sin embargo, la historia aborda un lirismo sugerente para todo espectador de ojos bien abiertos (el cliente es un septuagenario ex motoquero que paga un viaje sin retorno a una montaña denominada Blowing Rock, donde se supone que el viento tiene la fuerza suficiente como para elevar un cuerpo humano hasta el cielo).

Alcanza con profundizar el entrelineado de esta anécdota mínima para saborear la pequeña magia del largometraje mientras Souleymane («Solo»), el taximetrista ­inmigrante senegalés que espera familia de su pareja, una mujer latina­, intercala dosis de humor y solidaridad frente a un adusto personaje de perfil misántropo.

Detrás de esa rigidez, sin embargo, pueden surgir ocultas emociones y otros secretos que vale la pena no revelar en esta nota.

Lo importante de subrayar ahora, obviamente, es la calidad cinematográfica de un realizador con una trayectoria acotada («apenas» tres títulos en su haber) pero relevante en su conjunto.

Desde su opera prima «Man push cart», filmada en 2005 y traducida muy libremente como «Un café en cualquier esquina», este joven creador ha llamado la atención del público y la crítica especializada aunque su nombre no suene tanto por estos pagos.

Vale la pena, entonces, internarse en esta producción autoral donde, aunque parezca que no sucede nada, en realidad pasa de todo.

Como dice la canción, es la vida que alcanza a estos seres en diferentes etapas de su existencia y registra reacciones varias desde la testarudez del presunto suicida hasta la energía positiva del africano que lucha por mejorar su condición laboral y existencial.

Pero también es un contraste de culturas donde surgen otros tópicos que hacen a la familia y la amistad sopesando el probable valor que se le asigna desde diferentes miradas.

No es lo único, por cierto. En medio de este universo minúsculo, el recuento temático puede incluir otras facetas relativamente imperceptibles que ilustran sobre las vueltas del destino, la incomunicación generacional, el amor y la soledad. Casi nada. Es una tierna y pequeña joyita que vale la pena celebrar.

Adiós Solo. (Estados Unidos, 2008). Guión y Dirección: Ramin Bahrani. Coguionista: Bahareh Azimi.

Producción: Jason Orans y Ramón Bahrami. Fotografía: Michael Simmonds. Con Souleymane Sy Savane, Red West, Diana Franco Galindo, Mamadou Lam, Carmen Leyva y Jim Babel.

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