Pianista y compositora inteligente y directa
«Joanne Brackeen ha creado una nueva imagen de la mujer en el jazz: la mujer como músico de jazz –sencillamente un músico de jazz, sin preguntar si este músico es hombre o mujer–. (…) Es la representante de un nuevo tipo de mujer del jazz, que no sólo habla de emancipación, sino que está emancipada». Así escribía el crítico Joachim Ernst Berendt en 1981, cuando la espléndida compositora y pianista ya tenía una decena de discos grabados bajo su nombre, con la compañía de Eddie Gómez, Joe Henderson y Jack De Johnette, y había tocado junto con Dexter Gordon, Art Blakey, Stan Getz y otros gigantes. Este excelente CD muestra la madurez musical que había alcanzado Brackeen en 1986. Sus cuatro composiciones revelan un dominio armónico total y un perfecto equilibrio de los contrastes instrumentales. Desde «Fi-Fi Goes To Heaven», que recuerda a un perrito correteando y saltando, hasta los tres divertidos minutos de «Cosmonaut» al estilo free de Ornette Coleman, su obra es bien definida y de una autoridad indiscutible. Como pianista tiene una asombrosa técnica con ambas manos, lo cual le permite jugar con frases contrapuntísticas. Su estilo debe mucho a McCoy Tyner y recuerda a Don Pullen con sus percusivos y disonantes acordes. El contrabajo de Cecil Mc Bee y la batería de Al Foster son complementos ideales para realzar la fuerza de sus improvisaciones. Terence Blanchard (trompeta) se mueve cómodamente en su habitual onda neo-bop, con un punto alto en el lírico «Stardust», mientras que Branford Marsalis frasea cálidamente su saxo soprano en «Zíngaro», un tema de Jobim al que Brackeen es muy afecta y en el que ejecuta un solo deslumbrante. Ambos se vuelven a lucir en el clásico «I Hear A Rhapsody».
«Mi música es muy directa, nunca es abstracta», ha dicho la pianista. Este vibrante CD lo confirma.
Joanne Brackeen: Fi-Fi Goes To Heaven. Concord Jazz CCD-4316. Siete grabaciones, 41 minutos. En disquería Parsifal, 295 pesos.
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