"Aliento", el exilio amoroso de dos seres desamparados por el destino
Esos conflictos subyacentes no son privativos de las sociedades occidentales, sino también de las culturas orientales que han emulado y reproducido los modelos hegemónicos de convivencia de los imperios políticos y económicos.
Otro factor determinante de ese proceso de deterioro de los vínculos humanos es la despiadada globalización planetaria, que ha borrado las identidades nacionales y regionales.
En «Aliento», el realizador surcoreano Kim Ki-duk elabora un filme tenso, poético e incisivo, que discurre en torno a una compleja relación triangular protagonizada por seres desencantados.
El cineasta oriental ha sabido construir una sólida reputación artística, mediante una obra de sesgo cuasi testimonial que apela recurrentemente a la crudeza, el lirismo y la sordidez. No en vano algunos de sus personajes femeninos son prostitutas y marginales.
Aunque la explícita y descarnada potencia de su discurso cinematográfico le ha valido críticas y rechazo en su propio país, paradójicamente le ha permitido un importante reconocimiento internacional.
El filme narra la historia de una mujer cuyo marido le es infiel, que inicia un tortuoso itinerario de emancipación cuando se relaciona con Jin, un preso condenado a muerte por haber asesinado a su esposa y su hija, que es un suicida en potencia.
Lo curioso de la situación es que Yeon, que es la protagonista de esta historia, no conoce al recluso. Sin embargo, comienza a visitarlo con frecuencia, hasta que logra entablar un vínculo que tiene mucho de obsesivo.
Para reducir el demoledor impacto de la opresiva atmósfera carcelaria, la mujer decora la sala de visitas con motivos primaverales y hasta canta canciones.
En esas circunstancias, la relación que mixtura la seducción con el romanticismo se transforma en una carrera contra el tiempo, marcada por la inexorable condena a muerte del preso.
La tensión dramática está explicitada por ese atípico triángulo amoroso que también involucra a un marido adúltero, quien poco derecho tiene a reclamarle a su esposa una conducta más ponderada.
El relato va encastrando situaciones, que están repotenciadas por las sucesivas visitas de la protagonista al penal y su peculiar relación con el confinado.
Esta es una historia poblada de silencios muy habituales en la obra del realizador surcoreano, que discurre a través de la gestualidad de los protagonistas, sus miradas y sus actitudes.
Incluso, los tres reclusos que comparten la celda con el condenado son presencias cuasi marginales, que acentúan el perfil bastante desolador del cuadro dramático.
Kim Ki-duk trabaja con las inflexiones emocionales de los personajes, enfatizando, por ejemplo, en los reiterados intentos de suicidio del protagonista, que tienen mucho de rebeldía y de afirmación de la libertad individual ante lo inexorable.
Como otras obras precedentes del cineasta oriental, este es un filme controvertido pero de un plausible realismo y una impactante formulación estética, potenciada por una impecable fotografía, un ajustado montaje y una música de enorme seducción.
Kim Ki-duk confirma su insoslayable vocación de osado e incisivo retratista de la condición humana, en un drama que remueve por la fuerte encarnadura de sus lenguajes.
«Aliento» es un filme de conmovedor vuelo poético, que reflexiona sobre la vida, la muerte, la soledad, la infidelidad y los inevitables dilemas morales de seres terriblemente agobiados por el desamparo.
«Aliento». Corea del Sur, 2007. Dirección y guión: Kim Ki-duk. Música: Kim Myung-jong. Fotografía: Sung Jong-moo. Reparto: Chang Chen, Zia, Ha Jung-woo, Kang In-hyung, Kim Ki-duk, Lee Joo-seok, Oh Sun-tae y Kim Eun-seo.
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