Obra de Sebastián Barrios, en teatro El Galpón
Si no es una fiesta del espíritu, si no es alegría, sueño, pasión, no es nada que merezca ser nombrado. El casi inevitable rasgo de esta forma de escribir esclavizada es una irresistible sensación de aburrimiento burocrático. Todo es gris, sin relieve.
El proceso de creación sobre improvisaciones fue una de las consignas del colectivismo, del que conservamos, sin mayor sentido hoy, la palabra «taller» para nombrar clases prácticas: el sueño es que no haya jefes, ni patrones, ni explotadores; todos debemos acceder al arte, si es posible en la misma medida, porque crear no puede ser propiedad privada. Pero todas estas ideas nobles, y hasta verdaderas, perduran como vestigios. Uno de los pocos sobrevivientes de aquella época heroica y de gran brillo hoy, el grupo de Porto Alegre «Oi Nois Aquí Traveiz» tiene, sobre todo, a través del único sobreviviente de sus primeros tiempos, Paulo Flores, una nítida filiación anarquista. Pero no alcanza con un decreto igualitario ni con suponer dotes artísticas a los actores; y dudamos que quienes dicen practicar entre nosotros el género plural soportaren la disciplina monacal, el estudio ahincado y la devoción sin límites que requiere pertenecer a «Oi Nois…»
La historia de «Huérfanos», que se autodefine como una obra sobre la orfandad (¿?), se centra en un improbable Horacio Aceituna (Leandro de Souza Rocha) del Interior, historia en la que se mezcla una herencia al parecer vacante, un accidente, la afición por las bicicletas, una madre pobre (Ramona por Stella Cuña) con su hijo Lisandro, un tanto falto (Sebastián Barrios) al que exhorta vanamente «Tomá la leche». Cada tanto aparece un guitarrista en acción, y alguna vez todos o casi todos los personajes se ponen a cantar y bailar, sin que se sepa por qué, con Janis Joplin en una grabación como fondo. Hay también las previsibles, si que repentinas, alternativas entre hoy y ayer, de modo que el espectador asiste al espectáculo mucho más desconcertado que interesado. El resultado es confuso y, felizmente, olvidable.
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