Híbrido con problemas
Es posible que Giachino haya intentado hacer una obra de puro entretenimiento y diversión, algo frívolo, para reír, y que para eso encomendó el libreto a Andrés y Gerardo Tulipano. De ser así, debemos decir que lo que se exhibe en el espacio «El Sótano» no cumple ni siquiera con esos modestos propósitos.
Sólo para mujeres es un tambaleante híbrido de chistes, reflexiones sociológicas y café concert que no logra afirmarse sobre ninguno de sus componentes. Lo más grave de este ser enclenque es la impávida falta de actualidad de los chistes y bromas, como, por ejemplo, las obsoletas observaciones sobre la tabla del water closet mojada por los hombres al orinar o sobre las cirugías estéticas; por momentos creemos estar leyendo la historieta de Trifón y Sisebuta de Mc Manus, que recordamos como una de las lecturas de nuestra lejana infancia. Sigue en el debe de Sólo para mujeres la no menos arcaica idea de que el efecto cómico se logra siempre que se dice algo incómodo, digamos algún tiro por debajo de la cintura; pero paradójicamente, los temas sexuales, donde se esperaría algún avance, están tratados con tanta restricción y comedimiento como podría haber sucedido hacia 1950, desconociendo la franqueza y sinceridad que tuvieron, por ejemplo, la versión argentina de Confesiones de mujeres de treinta (Lía Jelén) y la reciente y local Problemas tenemos todos (Oliveira) en el Teatro del Anglo. En cuanto a las observaciones de corte sociológico, que no son pocas y llegan a tener interés, aparecen perdidas en medio de los chistes, con lo que pierden peso e impacto sin dejar de estorbar, por el súbito cambio de tono, a las bromas que vienen. Para empeorar las cosas, el mano a mano con el público, a la manera de los actores de café concert, sencillamente no funciona.
Cuando las cuatro actrices dejan de interactuar entre sí y se dirigen frontalmente al público, estamos en un género de difícil integración con los dos elementos anteriores (bromas y reflexiones), género, que posiblemente sea el único vestigio de la Commedia dell’ Arte en nuestros días: actores de extraordinarias cualidades, que con el apoyo de un libreto mínimo unen la improvisación con la sátira, con tanto sentido de la síntesis que hacen parecer un puro chisporroteo de invenciones casuales a efectos logrados por un largo estudio y un concienzudo trabajo de preparación.
En este sentido, encontramos que los maestros del género son, hoy y en nuestro medio, Carlos Perciavalle, Gerardo Romano, Cecilia Rossetto y Antonio Gasalla; queremos destacar, en Italia pero visible en nuestro medio gracias al Instituto Italiano de Cultura, a Matteo Belli, que en su breve actuación entre nosotros mostró conocer al dedillo este difícil arte. Es un arte sutil, que necesariamente debe suprimir las costuras y negarse a sí mismo, y que no está al alcance de quienquiera se lo proponga.
Anotamos aquí, con toda la admiración que sentimos por varias de las actrices de Sólo para mujeres, que ninguna de ellas está en condiciones de afrontar el desafío que la obra les propone. Para dirigirse al público y domesticarlo hay que tener el arrojo, la falta de temor y la seguridad de un domador de fieras, de un equilibrista en la cuerda floja o de un torero cuando entra a matar: cualquier vacilación puede costar la vida. Es preciso adquirir soltura, hay que tener un cuerpo elástico que responda al máximo, hay que frecuentar la comunicación con el colectivo de la platea, hay que tener una entereza y una rapidez de respuesta que no dan los años de teatro, que es un arte distinto; y Cecilia Rossetto mencionó alguna vez que necesitó cursos enteros para alcanzar los medios necesarios (inversamente, la estupenda Cecilia Rossetto de Buenos Aires me mata o Rojo tango no logró lucirse en el papel de la muerte en Mein Kampf farsa de Tabori). Este arte es también la pasión y muerte del orador, del dirigente sindical, del abogado en la sala de audiencias; no integra necesariamente el equipaje de un actor. Todos aquellos miran a sus públicos, pequeño o multitudinario, de a uno y por grupos, analizan con la velocidad del rayo sus pensamientos en base a imperceptibles movimientos del cuerpo y el rostro, y con la misma velocidad modifican sus libretos; saben cuándo el mismo chiste, la misma frase que cierra un discurso, tendrá impacto y cuándo caerá en el vacío todo esto con una dependencia cruel del ritmo, del lapso único en que una réplica es ajustada y eficaz; saben, luego, guiar sin que se note al público a lugares más conocidos, hasta encontrar al terreno común, del que no se apartarán más. Ninguna de estas cualidades es necesaria para la actuación y algunas son contraindicadas: sostienen un arte autónomo que se conquista como todos con esfuerzo, y que no se da por añadidura con los cursos de la Escuela Municipal de Arte Dramático o sus equivalentes.
Sólo para mujeres, de Andrés y Gerardo Tulipano, con Marisa Bentancur, Cristina Morán, Chaty Peláez y Adriana Zalma. Iluminación de Claudia Tancredi y dirección de Hugo Giachino. Estreno del 6 de abril, Teatro El Sótano del Carrasco Lawn Tennis, Eduardo J. Couture 6401, tel. 6004312.
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