Dos del Festival
Que Rodrigo, el hijo del novelista colombiano Gabriel García Márquez haya escrito y dirigido Con sólo mirarte es seguramente una de las más regocijantes sorpresas. Historias de mujeres de una carnalidad y una poética que llega a conmover.
Con un elenco superlativo y estadounidense, García construye cinco historias. Glenn Close es la médica que cuida religiosamente a su madre mientras espera ese timbre del teléfono con la voz del hombre que le pertenece. En su desasosiego, decide ir a una tarotista (Calista Flockhart). La estupenda Holly Hunter es una gerente de un banco con un amante negro que queda embarazada; Kathy Baker, una mujer divorciada con hijo adolescente, que siente una profunda atracción por un particular vecino; las hermanas que componen las bellas Cameron Díaz, ciega, y Amy Brenneman, una detective, a la búsqueda de pareja; finalmente, la tarotista Calista Flockhart retorna como la amante que acompaña dolorosa y luminosamente en su agonía a Valeria Gloino.
García puso en marcha un guión de líneas precisas y espléndidas en su contundencia y en consecuencia una condición de narrador cinematográfico que lo coloca un peldaño más alto de los realizadores. Un alto rendimiento actoral y una labor fotográfica acorde del excelente Emmanuel Lubezki (recordado por La leyenda del jinete sin cabeza, del Tim Burton) hacen del título una propuesta muy disfrutable, incluyendo homenaje a Cien años de soledad, la novela de su padre. Mejor debut, imposible.
Las visitadoras
Francisco J. Lombardi es de esos cineastas que se embarcan generalmente un proyecto ambicioso, y por cierto que practicar la adaptación de Pantaleón y las visitadoras, una de las novelas mayores de Mario Vargas Llosa, supuso todo un desafío. Desafío por razones varias: el texto trabaja con un humor fortísimo que no esquiva los subrayados dramáticos sobre capitán del ejército (Salvador del Solar) recién casado que lo envían a la Amazonia con la misión de conseguir putas y de ese modo disminuir el fuerte apetito de las tropas peruanas diseminadas a lo largo de la frontera.
Pese a que la literatura le gana la partida una vez más al cine, igualmente saca a relucir toda su destreza narativa, elección de un elenco de gran labor expresiva, con un plus de sensualidad que incendia en la pantalla en la belleza de Angie Cepeda, una visitadora que imaginó Varguitas, que vuelve loco sexualmente no solamente a las tropas, sino también al estricto, aparentemente irreductible capitán Pantaleón Pantoja.
El filme derrama un humor paródico y por momentos se hace disfrutable desde las visitas en barca de las chicas comandadas por su madonna (impecable Pilar Bardem), a los informes que don Pantaleón envía a Lima, hasta las quejas moralizantes del capellán y del venal periodista del lugar. Y está el desarrollo del amor salvaje con aura trágica entre esas colombiana y ese capitán que se olvida de todo y fornicará de manera inolvidable perdiendo toda compostura y quebrando su férrea disciplina personal.
No es el mejor filme de Lombardi, acaso porque el texto de Vargas Llosa es harto dificultoso de poner en imágenes, pero se las ingenia para describir aquellos turbulentos días del Perú selvático y caliente.
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