Moretti gana el David de Donatello al mejor filme

El Oscar italiano

(ANSA)

 

El filme recibió otros dos David a la mejor actriz (Laura Morante) y mejor música (Nicola Piovani) en una velada transmitida en directo por televisión y que marcó una especie de resurrección del cine italiano con cinco estatuillas más tanto para I cento passi (Los cien pasos) de Marco Tullio Giordana como para L’ultimo baccio (El último beso) de Gabriele Muccino.

Estas tres películas, elogiadas tanto por la crítica como por el público (son los campeones de taquilla de la última temporada), tocan temas humanos, sentimentales y sociales en un retorno a la tendencia que en otro tiempo hizo grande al cine italiano en todo el mundo.

El veterano Ettore Scola debió conformarse con un David a la mejor escenografía (su socio de siempre Luciano Ricceri) por Concorrenza sleale. El filme encara un tema candente de la historia italiana como es el de la sanción de las leyes raciales proclamadas en 1938 por Benito Mussolini, que condujo a la marginación primero de los judíos y luego a su deportación y exterminio. Los otros tres David restantes fueron para el debutante Alex Infascelli por Almost Blue, un policial de grande y espléndido estilo, para el húngaro Lajos Koltai por su fotografía de Malena de Giuseppe Tornatore y para el francés Le goût des autres de Agnès Jaoui como mejor filme extranjero.

La ceremonia del David, que por segunda vez en varias décadas se transmitió en directo por televisión con los premios mantenidos en secreto hasta último momento, como ocurre con los Oscar, fue una fiesta del cine italiano que parece haber emprendido el camino del retorno a su mejor tradición.

I cento passi que ganó los premios al mejor guión, actor protagonista y secundario (el debutante Luigi Lo Cascio y el veterano Tony Sperandeo) y vestuario, es la verdadera historia de un grupo de jóvenes que emprende una lucha solitaria contra la mafia, pagando uno de ellos su osadía con la vida.

L’ultimo bacio es la tercera obra de Gabriele Muccino, un director que no deja de asombrar con cada película y que es la gran esperanza del cine italiano actual.

El filme consiguió el David al mejor director, productor (Domenico Procacci), actriz secundaria (una magnífica Stefania Sandrelli en el papel de una cincuentona a la que el embarazo de su hija la impulsa a tratar de rehacer su vida lejos de un marido psicólogo que no la comprende), montaje y sonido.

En él, se cuenta la historia de un grupo de jóvenes treintañeros que no quiere asumir sus responsabilidades dentro de la sociedad.

En fin, Moretti, en su primer filme intimista, sin la menor referencia política que era la constante de su obra precedente, logró llegar al público a través del corazón con una obra que transforma una tragedia familiar en una inyección de optimismo. Tanto La stanza del figlio como L’ultimo bacio deberían participar en el concurso del próximo festival de Cannes (9/20 de mayo) donde muy probablemente recibirán el espaldarazo internacional que tanto precisa el cine italiano, que acaba de pasar por una de sus más largas y peores crisis tanto a nivel industrial como de inspiración.

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