Orfeo, Eurídice, Borges y Cortázar, en el Mercocine

Sexo, pudor y lágrimas

Con mucho humor, el largometraje narra los desencuentros afectivos de varias parejas en tono inteligente de tragicomedia. Serrano, un prestigioso director teatral que incursiona en la pantalla grande por vez primera, parece haber concretado un gol de media cancha con esta producción que rompe tabúes y establece una crítica lúcida (y lúdica) al supuesto machismo según la concepción mexicana. Vale la pena recordar este título (con muchas posibilidades de estreno en nuestro país), donde varios actores desconocidos por estas latitudes (Demián Bichir, Susana Zabaleta, Mónica Dionne y Jorge Salinas) insertan sus chispazos de calidad en las caracterizaciones que les tocan en suerte.

Por otro lado, el filme Orfeu, de Carlos Diegues (Tieta do Agreste; Bye Bye, Brasil), dividió opiniones críticas a pesar de las excelencias visuales que plasmó en pantalla. Es que –«a pesar de haber obtenido recientemente el Gran Cine Premio Brasil a la Mejor Película– no logró evitar comparaciones con la versión original Orfeo Negro, de Marcel Camus, filmada a fines de la década del cincuenta sobre textos de Vinicius de Moraes. El mito de Orfeo y Eurídice, recreado bajo la óptica de Diegues (en un Rio de Janeiro de cara al siglo XXI), logró –de todos modos– un especial toque de fascinación en la platea del Cantegril. La tragedia ha modernizado, claro está, sus componentes, entre los cuales se conectan temas de actualidad brasileña como los narcotraficantes (amos y señores de las favelas) y la brutalidad policial entre otras cosas. Merece verse.

No ha despertado el mismo interés la puesta en escena de Borges, los libros y las noches, del director argentino Tristán Bauer (Cortázar y Después de la tormenta), un documental con trazos de ficción sobre la vida y obra de Jorge Luis Borges. Tomando como pretexto el centenario de su nacimiento, Bauer rinde un homenaje cinematográfico al eximio narrador aunque no logra separar la fibra humana de la leyenda y su filme parece extraviarse en esos laberintos tan queridos por el autor de Ficciones.

Quizás uno de los principales problemas con los que tropieza la realización resulta una especie de infranqueable valla entre la perfecta palabra escrita y un traslado poco menos que imposible a la pantalla. Demasiado ampuloso y a la búsqueda de una trascendencia que no baja del pedestal, el intento del director de Evita, Una tumba sin paz, puede catalogarse como un intento fallido. Algo similar podría decirse de A hora mágica, del brasileño Guillerme de Almeida Prado, una producción basada muy libremente en un texto de Cortázar titulado Cambio de luces, que no convenció demasiado ni al público ni a la crítica.

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