Sergio Porro (Centro Municipal de Exposiciones)

El Lejano Oriente vuelve a ejercer su atractivo en la sociedad occidental, ya ostensiblemente globalizada. Así como a fines del siglo XIX atrajeron las estampas del Ukiyo-e a los impresionistas, las historietas japonesas resultan irresistibles a las generaciones jóvenes de diversos países. Pero el intercambio es recíproco. El pintor chino Wang Guanyyi asimiló el pop art y la estrategia publicitaria del constructivismo ruso de manera impecable, sin soslayar el fuerte contenido político. O el famoso japonés Takeshi Murakami, con la mezcla de cultura tradicional y actual de su país (anime y manga) y el pop americano y el surrealismo europeo.

Sergio Porro, en forma similar a Juan Burgos, aunque con otra intencionalidad y técnica, admira el mundo animax, el manga (dibujo informal, historieta), el anime (imágenes animadas) emitidas en Japón en 2006­2007 por televisión, que se lee, como es tradición en la escritura oriental, de derecha a izquierda, circunstancia que obligó a modificarla para usuarios occidentales.

Porro, a la manera de Murakami, acepta el mundo historietístico de oriente y occidente, los contrastes de opuestos y las dobles interpretaciones, oscilando entre la ingenuidad y la perversión, entre la banalidad y la tragedia. Las imágenes atractivas, amuñecadas, de colores vivos, edulcorados o sombríos, en las cuales desfilan las Barbies, los personajes de Disney, las referencias religiosas (San Sebastián acribillado de flechas, que admite varias interpretaciones, San Antonio, Salomé) y en especial, una carga erótica que se detiene en el homoerotismo de mujeres adolescentes y en autosatisfacción, solitarias o en pareja. Son cuadros de gran tamaño (120 x 90, 130×100, 200x 150 cm) que impactan por la claridad y contundencia de las imágenes, la sequedad de la pincelada (a veces monótona), que retoma su fuerza en las grandes superficies de negros profundos que enmarcan con definición los personajes destacando el firme dibujo (afloja, por momentos, en algunas manos, algún escorzo) aunque esas objeciones mínimas son pequeños lunares en un conjunto de brío vital de enorme seducción visual.

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