El gran rescate
por Raúl Forlán Lamarque
Taylor Hackford regresa con Prueba de vida, que ubica la acción en algún paisaje insurgente del continente sudamericano con rebeldes que secuestran y un team de expertos que toma el riesgo del gran rescate.
Un asunto menor protagonizado por el recientemente galardonado por el Oscar, Russell Crowe, por Meg Ryan y David Morse. Todo lo que en algún momento podía tener de progresista Taylor Hackford en algunos trabajos anteriores (había realizado ciertamente una generosa visión de la vida de los latinos en los Estados Unidos, por ejemplo), se diluye en este ensayito con barniz ideológico.
Es más: el filme parece haber tenido mayor repercusión por el affaire que mantuvieron Russell Crowe y Meg Ryan (y que de paso provocó la ruptura del matrimonio de esta última con el también actor Dennis Quaid), que por sus contenidos.
A Hackford se le puede reconocer virtudes, pero aquí la debilidad reside en un libreto que más bien parece un borrador. Así que ese ingeniero (David Morse) que está trabajando en la construcción de una represa en un lugar del continente sudamericano –apadrinado por un gobierno de armas tomar que posee sus turbulentos problemas con un grupo de liberación escondido en las montañas y cuyo propósito es la democratización real país, eterno enfrentamiento– no entiende demasiado cuando el grupo guerrillero lo secuestra. ¿A quién le interesa un anónimo ingeniero a cargo del diseño de una represa?
Todo es aparente, ya que una multinacional usa la represa como pantalla y en verdad se va a construir un oleoducto, que va a pasar por los sitios donde los guerrilleros se dedican a producir la cocaína, con la que se financian luego de la caída del muro.
El filme, con un texto traído de los pelos, funciona por el talento del elenco: Crowe como el enviado a la zona de conflicto para elaborar una estrategia de rescate del personaje de Morse (lo más rescatable del filme en su peripecia por las montañas). Ryan como la esposa del segundo, construye una mujer inquieta que transcurre de la furia a la desesperación. Y poco más. Russell Crowe, el recientemente laureado como mejor actor por Gladiador en la entrega de los premios Oscar, pone temple, convicción y por supuesto toma riesgos como requería su personaje. De hecho, cumple dignamente con su labor aunque sin descollar.
Prueba de vida es un severo traspié en la trayectoria de Hackford. Un mejor libreto hubiese ayudado a otorgarle mayor densidad al filme. Y mucho más que eso. Pero todo se quedó en meras intenciones.
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